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	<title>La traducción in vitro</title>
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	<description>Traducción y edición de textos médicos</description>
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		<title>Curso de traducción médica en Santiago de Compostela</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Feb 2012 17:40:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los días 24 y 25 de febrero se celebró en Santiago de Compostela un curso de traducción médica organizado por la Asociación Galega de Profesionais da Tradución e da Interpretación (AGPTI). El profesor fue Fernando Navarro, y con eso ya debería bastar para dar una idea de la calidad y los contenidos del curso, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los días 24 y 25 de febrero se celebró en Santiago de Compostela un <a href="http://www.agpti.org/gl/nova/curso-traducion-medica/">curso de traducción médica</a> organizado por la <a href="http://www.agpti.org/">Asociación Galega de Profesionais da Tradución e da Interpretación</a> (AGPTI). El profesor fue Fernando Navarro, y con eso ya debería bastar para dar una idea de la calidad y los contenidos del curso, que yo intentaré resumir, al menos en lo referente a dos temas, que considero los más importantes: el concepto de fidelidad en la traducción científica y la traducción de nombres de fármacos.<span id="more-899"></span></p>
<h3>Fidelidad en la traducción científica</h3>
<p>Tratamos con cierto detalle el concepto de fidelidad en la traducción científica, en dos vertientes: en relación con el autor y en relación con el lector. Y digo <em>con el autor y con el lector</em> y no <em>con el texto original y con el texto meta</em> porque en el curso se ha querido resaltar la dimensión humana, no textual, del acto comunicativo que es la traducción.</p>
<p>La fidelidad al autor se consigue no solo trasladando con exactitud lo que el autor dijo, sino también lo que quiso decir y quizá no consiguió, y lo que hubiera querido decir y no dijo. En pocas palabras, un traductor debe enmendar los errores del texto de partida siempre que esté seguro de que se trata de errores, como si se le solucionara a un amigo un problema, como si se le prestara ayuda a una persona: si nos ponemos en lugar del autor que se equivocó y pensamos en lo que él querría poner si tuviera la oportunidad de enmendarse, traduciremos con fidelidad. Y este principio se aplica tanto a una errata de fácil solución como <em>The lab test indicated abnormal lover function,</em> en que hay que traducir <em>lover</em> como si fuera <em>liver</em> (en el teclado, la O está al lado de la I), como a alguna que requiere conocer bien lo que se traduce, como <em>On sait bien que la digoxine a une demi-vie plasmatique del ´ordre de 40 m,</em> donde <em>m,</em> que significa ‘metrosʼ, se ha puesto en lugar de <em>min</em> ‘minutosʼ, lo cual también es un error, ya que la semivida de la digoxina es de aproximadamente 40 horas. Un traductor fiel tendría que poner <em>40 h.</em> Lo que puede verse como una transgresión de la fidelidad textual es en el fondo fidelidad a la persona que produjo el texto. Debe tenerse presente, ante todo, el compromiso con la veracidad del traductor científico, lo cual está por encima de la dogmática rigidez textual. Asunto polémico, sin duda, pero con importantes consecuencias en el plano profesional: los revisores y editores tienen en mucha estima a los traductores que detectan y corrigen las erratas del original.</p>
<p>La fidelidad para con el lector se resume, a su vez, en tres principios: naturalidad, precisión y claridad. Debe emplearse la forma habitual de expresión del destinatario, dando nueva forma en español a expresiones que en la lengua de partida pueden ser muy diferentes. <em>Is your son rubella immune?</em> no equivale a <em>¿Su hijo es inmune a la rubéola?</em> sino a <em>¿Su hijo está vacunado contra la rubéola?</em> Se pusieron muchos ejemplos de cómo en español el lenguaje formal no marcado de la medicina es mucho más griego y «pedantillo» que en inglés, lo cual se muestra en ejemplos como <em>The specialist ordered chest X-ray and bile-duct X-ray,</em> es decir, unos «rayos X de pecho» y «unos rayos X de conductos biliares», lo que en español se dice<em> radiografía torácica </em>y<em> colangiografía.</em> <em>Fatty liver</em> y <em>spleen enlargement</em> se traducen no por «hígado graso» y «agrandamiento del bazo», sino por <em>esteatosis hepática</em> y <em>esplenomegalia</em>, y sin un cambio de registro con respecto al original. La necesidad de precisión puede verse en la traducción de un término como <em>placental growth factor:</em> ¿factor de crecimiento placentario o factor placentario de crecimiento? Lo preciso es lo segundo, pero en inglés, un idioma tan sintético, la sintaxis permitiría ambas posibilidades. La claridad también es importante, como se muestra en el ejemplo siguiente: <em>En cas d`hipertension, il est important de contrôler la pression arterielle</em> traducido como <em>En caso de hipertensión, es importante controlar la presión arterial</em> tiene un problema: ¿qué se ha querido decir con <em>controlar,</em> ‘medir periódicamenteʼ o más bien ‘normalizar los valoresʼ? Probablemente, lo segundo. <em>Control </em>y<em> controlar</em> son términos tan vagos y polisémicos que suele ser necesario utilizar otros para traducir el inglés <em>control </em>y el francés<em> contrôler.</em></p>
<h3>La traducción de los nombres de fármacos y medicamentos</h3>
<p>Repasamos varias de las dificultades de la traducción de los nombres de fármacos. Para empezar, no siempre tenemos clara la diferencia entre lo que es un fármaco (la sustancia activa) y un medicamento (el producto industrial, de uno o más principios activos más excipientes). Estos términos no se pueden intercambiar alegremente. A veces tenemos problemas con las denominaciones comunes internacionales (DCI), de nomenclatura incoherente (p. ej., <em>ibuprofeno,</em> pero <em>fenfubén</em>) y a veces poco adaptada a la ortografía española (p. ej., <em>quazepam</em>), nombres que, a pesar de todo, es forzoso emplear para el ámbito farmacéutico. Tratamos la dificultad que entrañan las marcas comerciales, que a veces se utilizan como nombres comunes (p. ej., <em>Dilantin,</em> escrito <em>dilantin,</em> que no es <em>dilantina,</em> sino <em>fenitoína</em>). El profesor relató por extenso los avatares de la Aspirina, que resumen buena parte de la historia del siglo XX y sus guerras mundiales, un tema que daría para escribir un libro. Abordamos la problemática de las denominaciones nacionales oficiales (p. ej., en EE. UU., <em>acetaminophen,</em> a veces traducido por <em>acetaminofeno,</em> es <em>paracetamol</em>) y los motivos económicos y comerciales que explican estas discordancias. También tocamos el difícil caso de los fármacos llamados por sus nombres químicos, situación frecuente en los que se encuentran en desarrollo, todavía faltos de denominación oficial  y no aprobados para consumo humano, y que después se popularizan rápidamente con esa nomenclatura química (p. ej., <em>AZT, </em>de <em>azidotimidina,</em> cuya DCI es <em>zidovudina, </em>escrito con esa Z inicial tan poco ortográfica). La traducción de regímenes terapéuticos conocidos por siglas también entraña problemas: por ejemplo, <em>VACA, </em>de <em>vincristine, actinomycin D, cyclophosphamide, Adriamycine</em> es un batiburrillo de principios activos (vincristina, ciclofosfamida), un nombre local (<em>actinomycin D</em> es <em>dactinomicina</em>) y marcas comerciales (<em>Adriamycine</em> es <em>doxorrubicina</em>, que según la DCI debe escribirse con una sola R a pesar de pronunciarse con doble R). Finalmente, también es frecuente encontrar simples errores (p. ej., <em>quinine</em> escrito en lugar de <em>quinidine</em>) que no siempre son tan fáciles de solucionar (p. ej., ¿algo escrito como <em>amoicilin</em> corresponde a <em>amoxicilina</em> o <em>ampicilina</em>?) Esta descripción de la problemática de la traducción de nombres de fármacos es apenas una simplificación de lo que se dijo en clase y que puede encontrarse con más detalle en el capítulo citado en la bibliografía.</p>
<p>También hicimos algunos ejercicios prácticos en inglés y francés (un caso clínico y un texto de farmacocinética), y como divertimento tradujimos términos alemanes a partir de la traducción de sus formantes, para poner de manifiesto el extremo filohelenismo de la terminología médica española. Con el recurso a unas muy divertidas viñetas, el profesor Navarro también nos ilustró sobre la dificultad del lenguaje en los hospitales del Reino Unido: proliferación de siglas en el lenguaje hablado, abundancia de eufemismos y varios problemas terminológicos.</p>
<p>A pesar de todas las complicaciones aquí descritas, la sensación que el curso nos dejó fue más bien positiva, porque empezamos a entender temas que antes estaban fuera de nuestro alcance (yo ya sé, por ejemplo, qué es la bendita área bajo la curva) y a creer que los secretos de la traducción médica no están tan lejos si uno se aplica al estudio. Finalmente, es justo decir que buena parte del éxito del curso se debió a la excelente organización de Rossana Couto y Ana Mirás, de la <a href="http://www.agpti.org/">AGPTI</a> (que los gallegos, qué gente tan simpática, pronuncian /a-ga-pé-ti/) e que moitos de nós están esperando para repetir a viaxe a Santiago o próximo ano.</p>
<div class='et-box et-shadow'>
					<div class='et-box-content'><h4>Bibliografía</h4>
<p>NAVARRO, Fernando A.: «La traducción de los nombres de fármacos y medicamentos: <em>Zantac, penicillin G, aspirin, EPO, dipyrone, viagra, AZT, dilantin, sirolimus&#8230;</em>». En: Consuelo GONZALO GARCÍA Y Pollux HERNÚÑEZ, coords.: <em>CORCILLUM: estudios de traducción, lingüística y filología dedicados a Valentín García Yebra. </em>Madrid: Arco/Libros, 2006; págs. 547-566. [ISBN: 84-7635-648-X]</p></div></div>
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		<title>¿Corrección o comunicación?</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 07:39:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con frecuencia el traductor se enfrenta a la necesidad de elegir entre el término correcto y el término que tiene más posibilidades de entenderse. Podría decirse que tal dilema es imposible, ya que, por principio, si la lengua es de quien la habla, lo correcto es precisamente lo que se va a entender. El problema, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con frecuencia el traductor se enfrenta a la necesidad de elegir entre el término correcto y el término que tiene más posibilidades de entenderse. Podría decirse que tal dilema es imposible, ya que, por principio, si la lengua es de quien la habla, lo correcto es precisamente lo que se va a entender. El problema, al menos para el traductor de textos médicos, es que el español de la medicina es en buena medida una lengua traducida y que el cumplimiento del ideal de comunicación implicaría escribir en una especie de <em>spanglish:</em> en un porcentaje altísimo de casos, el término popular, divulgado, el que utilizan los profesores de medicina en las facultades, el que prefieren los investigadores, el que emplean los expertos en sus conferencias, el que publican las revistas de vanguardia es el calcado, el anglicado, el copiado sin apenas adaptación; mientras tanto, el término español considerado correcto languidece lejos de las páginas de las publicaciones y las bocas de los conferenciantes. ¿Qué debe hacer, pues, el profesional del lenguaje que se ve obligado a encontrar soluciones que concilien comunicación y corrección?<span id="more-893"></span></p>
<p>Puede que el origen de la cuestión se encuentre en que un porcentaje muy alto de la investigación científica se realiza en EE. UU. y que la lengua inglesa acapara la producción editorial científica original de mayor prestigio y es el motor de difusión de buena parte de los nuevos saberes y, por lo tanto, de los términos que designan los nuevos conceptos.</p>
<p>No es que el español no cuente con recursos para la neología; claro que los tiene, pero estos esfuerzos terminológicos suelen llegar tarde, cuando el término inglés se halla ya difundido. Por estética, por esnobismo, por comodidad, por costumbre, por desconocimiento de la lengua o del tema tratado, la gente de ciencias, que se preocupa más por la idea que por la palabra que la designa, utiliza más o menos crudos los términos que toma de la lengua que lee y que consulta como bibliografía para sus temas de estudio: el inglés. Y es natural, pues para el científico, insisto, lo prioritario es reflejar los conceptos y transmitirlos a otros expertos que seguramente comprenderán a qué se refiere. Así pues, los primeros escritos en español sobre un tema nuevo, fruto principalmente de la investigación en el mundo anglófono, ya incorporan terminología calcada o copiada, que mal que bien cumple con las necesidades comunicativas iniciales. Es en una fase posterior, probablemente ya lejos de las prisas de las primeras publicaciones sobre temas científicos de vanguardia, cuando suele empezar la reflexión terminológica en torno a la corrección: <em>¿Y no hay un nombre en español para esto, no hay un nombre tradicional? ¿Existiría la posibilidad de crear un término? ¿Es necesario crearlo, cuando ya existe uno en inglés que todo el mundo entiende? ¿Tengo yo autoridad, conocimiento, para hacerlo? ¿Tengo las ganas y el tiempo para sentarme a considerar todos los aspectos necesarios para ello?</em> Estas preguntas nos acercan a la labor cotidiana de los traductores.</p>
<p>Veamos un ejemplo clásico<em>: bypass</em> ‘cirugía de derivación vascularʼ. En el lenguaje cotidiano de los médicos se dice /bai-pás/, término que todo el mundo entiende y que se usa ampliamente, incluso fuera del ámbito de los profesionales sanitarios. ¿Pero cómo se escribe, <em>baipás</em> en redonda o <em>bypass</em> en cursiva? La primera grafía está adaptada al español, pero causa bastante extrañeza. Además, en cualquier caso se trata de un anglicismo evitable: puede decirse <em>derivación.</em> ¿Pero es <em>derivación</em> un término suficientemente específico? Hay otras clases de derivación, de modo que quizá sería mejor clarificar en cada caso el tipo: <em>cirugía de derivación arterial coronaria&#8230;, etc.</em> ¿Pero esto no es ya demasiado largo, no parece más una definición que un término? Podría no caber en el espacio disponible. Por otro lado, no son preferibles<em> revascularización,</em> <em>anastomosis quirúrgica, puente vascular, pontaje&#8230;</em>?  ¿O no son sinónimos estrictos? ¿No es <em>pontaje</em> un galicismo, del mismo modo que <em>baipás</em> es un anglicismo? Digamos que <em>derivación,</em> por el contexto, es un término suficiente claro y específico, y además es el que recoge el DTM como preferible; ¿debe usarse en lugar de <em>bypass,</em> que es superior en términos comunicativos, salvo que se trata de un anglicismo? ¿Corrección o comunicación? ¡Qué dilema!</p>
<p>El profesional del lenguaje debe buscar un término que pueda comprenderse, naturalmente, pero que también sea prestigioso, que provoque aceptación, que no resulte chocante al lector al que va dirigido, pero muchas veces para ello se requiere cierta creatividad, porque los casos suelen ser más complejos que el de <em>bypass-derivación</em> (recogido en el Libro Rojo, en el DTM, resuelto, en general, a favor de <em>derivación</em>), sobre todo cuando no hay una traducción consolidada, habitual. ¿Por ejemplo, cómo debe traducirse, cuando se habla de tumores carcinoides de los bronquios, el término <em>tumorlet</em>? ¿<em>Tumorcillo, tumorcito, proliferación bronquial atípica, lesión seudotumoral, tumor neuroendocrino microscópico, nódulo tumoral microscópico</em>? Aunque concluyamos que alguna de estas soluciones es aceptable, <em>tumorlet</em> está más extendido en español y se entiende perfectamente. ¿Debe ponerse <em>tumorlet, </em>en cursiva? Hay casos más difíciles que este, en que el problema no es elegir entre opciones disponibles, sino crearlas, porque no las hay.</p>
<p>Personalmente, creo que los editores y traductores, a pesar de nuestra función básicamente comunicativa (y gracias a ella), tenemos una posición privilegiada (o muy comprometida, según se vea) para dar soluciones a problemas de este tipo y que por ello tenemos cierta responsabilidad de cara al desarrollo de la terminología en español. Creo que el lenguaje científico-técnico, más normalizado y artificial, más propenso a buscar estándares que la lengua natural general, puede beneficiarse de la capacidad de documentación y de la creatividad terminológica de los profesionales del lenguaje. Y si tenemos la posibilidad de consultar a un lingüista e incorporar criterios de un terminólogo experto, mejor que mejor.</p>
<p>Por otro lado, precisamente debido a que pertenecemos a un entramado profesional, el cliente es el que manda y muchas veces los revisores que trabajan para él, que suelen provenir de la esfera científica y no de la del lenguaje, tienden a preferir los usos más anglófilos. No digo que haya que enfrentarse abiertamente al revisor, pero sí quizá hacerle ver que el español cuenta con recursos para decir lo mismo sin tener que usar tantas cursivas y comillas.</p>
<p>En mi opinión, para casos como el de <em>bypass</em> puede optarse simplemente por <em>derivación vascular</em> o <em>derivación</em> a secas, siempre que el contexto lo permita. Para casos más complejos, en que, dado el alto grado de creatividad o la poca difusión de la solución terminológica, no pueda prescindirse del término original, conviene poner entre paréntesis la palabra original en su primera aparición, para crear un punto de correspondencia, y a partir de ese momento usar sistemáticamente el término en español, con atrevimiento y convicción. Cabe la posibilidad de que en el futuro, si el término se asienta, pueda prescindirse del recurso al paréntesis.</p>
<div class='et-box et-shadow'>
					<div class='et-box-content'>Hay mucho más que decir acerca de esta cuestión difícil y polémica con la que se topan todos los traductores en su trabajo cotidiano, así que invito a los lectores a aportar sus opiniones y ejemplos de dilemas entre comunicación y corrección. Por lo pronto, se me ocurre que corrección no es sinónimo de pureza o casticismo, es decir, que no todos los términos menos preferibles lo son por ser anglicismos. De hecho, el uso de muchos anglicismos existe para no emplear términos castizos menos apropiados.</p>
<p>La idea de esta entrada surgió de una conversación con un muy apreciado traductor, a quien agradezco que sacara a la luz este tema.</div></div>
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		<title>Enfermedad, alteración y estado</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 16:12:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Terminología]]></category>
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		<description><![CDATA[Solía amenazar a los traductores con los que trabajaba con crucificarlos boca abajo si traducían disorder por desorden, condition por condición y pathology por patología, y me parecía que el uso del comodín trastorno era una buena solución universal para la traducción de al menos los dos primeros términos, pero hace poco leí un artículo del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Solía amenazar a los traductores con los que trabajaba con crucificarlos boca abajo si traducían <em>disorder</em> por <em>desorden</em>, <em>condition</em> por <em>condición </em>y<em> pathology </em>por<em> patología,</em> y me parecía que el uso del comodín <em>trastorno</em> era una buena solución universal para la traducción de al menos los dos primeros términos, pero hace poco leí <a href="http://blog.amamanualofstyle.com/2011/11/21/condition-disease-disorder/">un artículo del AMA Style Insider</a> que mostraba ciertos matices que no había considerado hasta ahora, y, aunque apenas ha cambiado mi visión de la cuestión, me ha parecido necesario pensar en voz alta sobre sobre los parientes ricos y pobres del término <em>disease.</em> Me propongo, pues, con las limitaciones del que no ha estudiado medicina, pero armado con el <em>Diccionario de términos médicos,</em> el Dorland y el <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/02/diccionario-critico-de-dudas-ingles-espanol-de-medicina/" target="_blank">Libro Rojo</a>, hacer un intento por diferenciar <em>disease, </em>primero, de <em>condition y disorder; segundo, </em>de<em> illness y sickness; </em>tercero,<em> </em>de<em> syndrome; </em>cuarto, de<em> pathology,</em> y juzgar qué tanto castigo merecen quienes traducen estos términos de manera irreflexiva.<span id="more-878"></span></p>
<h3>Condition, disorder, disease</h3>
<h4>Condition</h4>
<p>Sin duda el menos específico de estos términos, <em>condition</em> se usa en diferentes circunstancias: 1) para indicar un estado saludable que, a pesar de ello, requiere cuidados especiales, como el embarazo; 2) para denotar un estado o grado de salud variable (p. ej., estable, crítico, comatoso); 3) para referirse eufemísticamente a una situación incómoda que a veces no conviene nombrar a las claras (p. ej., alcoholismo, drogadicción), y 4) como término genérico, neutro, para designar una alteración <em>(disorder)</em> o una enfermedad propiamente dicha <em>(disease)</em>.</p>
<p>En el <em>Diccionario de términos médicos </em>(DTM)<em> </em>se hace la siguiente observación:</p>
<blockquote><p><strong>O</strong><strong>BS.</strong><strong>:</strong> Es error frecuente el uso incorrecto de <span style="text-decoration: line-through;">condición</span> con el sentido de → <strong>enfermedad</strong>, por influencia del inglés <em>condition</em> (enfermedad).</p></blockquote>
<p>Ahora bien, puesto que el término <em>condition</em> no siempre indica presencia de un proceso patológico (el embarazo no es una enfermedad, ni lo son otros estados particulares de salud, que no necesariamente son negativos) hay casos en que, en su acepción más genérica (y más frecuente fuera de la medicina), la traducción de este término por <em>estado, situación</em> o incluso <em>condición</em> no sea desacertada. Con todo, como por lo general denota un estado de salud deficiente o anómalo, en la práctica, <em>trastorno,</em> <em>afección</em> o <em>enfermedad</em> son las traducciones que se adecuan a más contextos.</p>
<h4>Disorder</h4>
<p>Más específico que <em>condition</em> pero menos que <em>disease, disorder</em> alude inequívocamente a una alteración negativa de la salud pero no necesariamente a una entidad clínica definida. No implica necesariamente cambio estructural, pero sí sugiere una perturbación del funcionamiento de un órgano o sistema.</p>
<p>En el DTM corresponde a la segunda acepción del término <em>alteración:</em></p>
<blockquote><p><strong>2</strong> [ingl. <strong><em>disorder</em></strong>] s.f. Cambio, perturbación o daño en la forma o la función de un órgano o de una estructura anatómica.</p></blockquote>
<p>En la cuarta acepción del término <em>desorden,</em> se lee lo siguiente:</p>
<blockquote><p><strong>4</strong> s.m. = <strong>trastorno</strong>. <strong>Obs.: </strong>Puede suscitar rechazo por considerarse anglicismo de frecuencia.</p></blockquote>
<p>A diferencia de <em>condición</em> como posible traducción de <em>condition,</em> no parece haber razones para aceptar <em>desorden</em> como traducción de <em>disorder</em> en prácticamente ningún contexto médico. Al igual que <em>condition,</em> se usa con un sentido neutral y con fines eufemísticos para evitar alarmar a un paciente con el término <em>disease,</em> que es más fuerte y ominoso. Al parecer, <em>alteración</em> o <em>trastorno</em> son las traducciones que funcionan mejor en la mayoría de situaciones.</p>
<h4>Disease</h4>
<p>Este término, más restrictivo que <em>condition</em> y <em>disorder,</em> se utiliza para designar estados en que un órgano o un sistema del cuerpo se encuentran afectados, ya de manera genérica (se suele traducir con el sufijo –patía, como <em>heart disease,</em> ‘cardiopatía’; u –osis, como <em>fungal disease,</em> ‘micosis’) o específica, (<em>Parkinson´s disease,</em> ‘enfermedad de Parkinson’).  Distintos diccionarios hacen énfasis en diferentes aspectos esenciales, y parece que lo más definitorio no es la alteración del funcionamiento (o, como algunos prefieren, su función), sino la alteración estructural, si bien su caracterización por unos síntomas y signos determinados y la existencia de una causa subyacente concreta parecen importantes también. En el DTM, la definición de enfermedad incluye todos estos rasgos:</p>
<blockquote><p><strong>enfermedad</strong> (lat. <em>infirmitāt</em>(<em>em</em>) [<em>in</em>- ‘no’ + <em>firme</em>(<em>m</em>) ‘firme’, ‘fuerte’ + -<em>tātem</em>] ‘debilidad’; docum. en esp. desde 1196) [ingl. <strong><em>disease, illness, condition</em></strong>]</p>
<p><strong>1</strong>  s.f. Alteración estructural o funcional del organismo que origina la pérdida de la salud.</p>
<p><strong>2</strong> s.f. Conjunto de alteraciones, síntomas y signos que se organizan de acuerdo con un esquema temporoespacial determinado, que obedece a una causa concreta y que se manifiesta de modo similar en sujetos diferentes, lo que permite clasificar e identificar las distintas enfermedades. <strong>Sin.:</strong><strong> </strong>afección, <span style="text-decoration: line-through;">condición</span>, dolencia, mal, padecimiento, proceso patológico; desus.: morbo. <strong>Obs.:</strong><strong> </strong>Los términos &#8220;enfermedad&#8221;, &#8220;síndrome&#8221; y &#8220;trastorno&#8221; se confunden con frecuencia entre sí. Si entre las formas compuestas listadas a continuación no encuentra una del tipo de &#8220;enfermedad XYZ&#8221;, pruebe a buscarla como &#8220;síndrome XYZ&#8221;.</p></blockquote>
<p>Definidos estos tres términos, me pregunto si un gráfico así será acertado:</p>
<p><img class="alignnone size-full wp-image-881" style="border-width: 2px; border-color: black; border-style: solid;" title="Condition,-disorder,-disease" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/12/Condition-disorder-disease.jpg" alt="" width="579" height="344" /></p>
<h3>Disease, illness, sickness</h3>
<p>Si bien en español estos tres términos suelen traducirse del mismo modo <em>(enfermedad),</em> en inglés poseen diferencias que pueden ser significativas.</p>
<p>Según el <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/02/diccionario-critico-de-dudas-ingles-espanol-de-medicina/" target="_blank">Libro Rojo</a> (p. 919), en términos generales<em> disease</em> alude a la entidad objetiva que el médico diagnostica, en tanto que <em>illness</em> es la experiencia subjetiva que el enfermo tiene de la misma. <em>Sickness</em> tiene dos acepciones: por un lado, la realidad sociocultural de la enfermedad; por otro, las náuseas o el mareo. Hay abundantes excepciones a esta regla general, como demuestran numerosos términos de cuya traducción exige conocimiento y atención: <em>altitude sickness</em> (mal de montaña, mal de las alturas [soroche, en Perú]), <em>athlete&#8217;s sickness </em>(hipoglucemia de esfuerzo), <em>black sickness</em> (leishmaniosis visceral), <em>bleeding sickness</em> (hemofilia), entre otras muchas.</p>
<h3>Disease, syndrome</h3>
<p>También es problemática la distinción entre estos dos términos. En rigor (y según el Dorland, p. 1777), <em>syndrome</em> alude a una concurrencia de síntomas y signos determinada, con exclusión de su etiología, aunque, como bien se apunta en el DTM:</p>
<blockquote><p>Conforme ha avanzado el conocimiento médico, se ha ido conociendo la causa de numerosos síndromes que han pasado a constituir enfermedades específicas, aunque hayan conservado la denominación tradicional de síndrome.</p></blockquote>
<p>Por lo tanto, hay muchas entidades sueltas por ahí que se conocen con el nombre de síndromes y que en propiedad habría que llamar enfermedades. Debe valorarse si el término <em>syndrome</em> debe traducirse con uno u otro término, o no traducirse, como el caso de <em>fiebre periódica hereditaria (periodic fever syndrome).</em> Este problema se ve agravado por la posible confusión entre términos con el mismo epónimo: por ejemplo, el síndrome de Cushing (abreviado a <em>Cushing</em>) no es lo mismo que la enfermedad de Cushing (el síndrome de origen hipofisario).</p>
<h3>Disease, pathology</h3>
<p>Como ya mencioné <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/03/patologia-etiologia-y-otras-%E2%80%93logias/">en esta entrada</a>, el término <em>patología</em> como traducción del inglés <em>pathology</em> se ha generalizado como sinónimo de <em>enfermedad</em> o <em>afección,</em> muy popular gracias<em> </em>al sabor culto del sufijo<em> -logía</em>. En propiedad, la patología es el estudio de las alteraciones que producen las enfermedades, pero a través de su sentido de ‘conjunto de enfermedades de un órgano, de un sistema o de un aparato corporales’, esta acepción de la palabra inglesa ha calado en español con el significado de ‘enfermedad’, admitido desde el 2001 por la Academia. En el Libro Rojo se analizan varias posibles traducciones de <em>pathology</em> (anatomía patológica, histopatología, entre otras), pero ninguna coincide con el español <em>patología. </em>También el DTM desaconseja su uso con este sentido. Esto sonará obvio: si en inglés <em>pathology</em> significa ‘enfermedad’, debe traducirse como <em>enfermedad.</em></p>
<h3>Otras distinciones</h3>
<p><em>Malady, malaise, ailment, infirmity, distemper,</em> entre otras, son palabras que también pueden referirse a la enfermedad y poseen diversos matices: unas son subjetivas <em>(malaise),</em> otras objetivas; unas son de carácter más bien crónico <em>(ailment), </em>otras no; unas pueden ser morales <em>(distemper),</em> otras casi exclusivamente físicas <em>(infirmity). </em>Estos términos son menos importantes para la traducción médica, ya que se utilizan técnicamente en los textos científicos con mucho menor frecuencia que <em>disease, disorder o condition.</em></p>
<h3>Conclusiones</h3>
<p>Lo primero que hay que decir es que los comodines no valen si uno quiere hacer una traducción precisa. Sí: la gran mayoría de veces <em>condition</em> significará <em>trastorno, </em>pero algunas veces esta será una traducción demasiado fuerte o demasiado marcada, y eso tendrá que determinarlo el contexto.</p>
<p><em>Enfermedades, síndromes, trastornos, alteraciones, afecciones, dolencias, procesos patológicos&#8230; </em>son todos términos clave en que hay gran peligro de polisemia y homonimia, porque conviven y se influyen mutuamente los significados técnicos y los generales, están presentes algunos falsos amigos del inglés, se aprecian discordancias entre la acuñación original de los términos y los términos actuales, más exactos, y se observa una amplia utilización de comodines.</p>
<p>La dificultad que entrañan estas distinciones obliga a una cierta indulgencia. La crucifixión inversa quizá sea excesiva, incluso para el que traduzca, víctima de la presión del inglés, <em>disorder</em> como <em>desorden,</em> aunque quizá un tirón de orejas sí que se merezca, porque toda traducción debe ser crítica.</p>
<div class='et-box et-shadow'>
					<div class='et-box-content'><h4>Nota</h4>
<p>Si he incurrido en alguna imprecisión por mi ignorancia de la medicina, agradecería enormemente cualquier corrección.</p></div></div>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>Manual de traducció cientificotècnica</title>
		<link>http://blog.invivoproyectos.com/2011/08/manual-de-traduccio-cientificotecnica/</link>
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		<pubDate>Thu, 11 Aug 2011 22:35:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[manual]]></category>
		<category><![CDATA[reseña]]></category>
		<category><![CDATA[traducción]]></category>
		<category><![CDATA[traducción científico-técnica]]></category>
		<category><![CDATA[Vicent Montalt]]></category>

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		<description><![CDATA[El Manual de traducció cientificotècnica de Vicent Montalt no es una novedad editorial. De hecho, su publicación data de abril del 2005, y ya ha sido reseñado por Bertha Gutiérrez en Panace@ y en el Journal of Especialized Translation. Estas recensiones destacan la vocación pedagógica, la concienzuda documentación, la notable claridad y la conveniente estructuración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El <a href="http://www.eumoeditorial.com/llibre/manual-de-traduccio-cientificotecnica/1404"><em>Manual de traducció cientificotècnica</em></a> de Vicent Montalt no es una novedad editorial. De hecho, su publicación data de abril del 2005, y ya ha sido reseñado por Bertha Gutiérrez en <a href="http://www.medtrad.org/panacea/IndiceGeneral/n23_resena_GutierrezRold.pdf"><em>Panace@</em></a> y en el <a href="http://www.jostrans.org/issue05/rev_gutierrez.pdf"><em>Journal of Especialized Translation</em></a><em>. </em>Estas recensiones destacan la vocación pedagógica, la concienzuda documentación, la notable claridad y la conveniente estructuración de la obra, pero su brevedad no les permite describir algunos aspectos teóricos –definiciones y clasificaciones– que confieren a la obra parte importante de su valor y que el autor ha aplicado con mucha pertinencia a este manual. En esta entrada repasaré algunos conceptos contenidos en el libro, útiles para la comprensión de la traducción y de aplicación práctica.</p>
<p><span id="more-831"></span></p>
<p><strong><div class='et-box et-shadow'>
					<div class='et-box-content'></strong></p>
<p><strong><img class="alignright size-full wp-image-837" title="Manual" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/08/Manual.jpg" alt="" width="76" height="110" /><span class="Apple-style-span" style="font-weight: normal;"><strong><span style="color: #6d2c85;">Título:</span> <em>Manual de traducció cientificotècnica</em></strong></span></strong></p>
<p><strong><span style="color: #6d2c85;">Autor:</span> Vicent Montalt y Resurrecció </strong></p>
<p><strong><span style="color: #6d2c85;">Editorial:</span> Eumo </strong></p>
<p><strong><span style="color: #6d2c85;">Año de publicación:</span> 2005</strong></p>
<p><strong></div></div><br />
</strong></p>
<div>
<h3>La noción de género</h3>
</div>
<p>A veces pasamos por alto que los textos científico-técnicos, al igual que los literarios, pertenecen a tradiciones, a contextos socioculturales que determinan la manera en que se escriben y se leen. En este libro se nos recuerda que todo texto científico-técnico forma parte, en mayor o menor medida, de un género, un conjunto de posibilidades y limitaciones que le permiten alcanzar un objetivo comunicativo determinado. Los participantes, el propósito retórico dominante, la función social que cumple, las condiciones de la situación comunicativa concreta y el contexto sociocultural general en que se inscribe son factores fundamentales para caracterizarlo (pág. 72).</p>
<p>Los grados de convencionalidad varían de género en género: por ejemplo, la estructura y la longitud de un artículo original de investigación están mucho más fijadas que las de un artículo de divulgación. El prospecto de un fármaco no puede omitir una serie de datos que una reseña en una revista médica sí. También es posible que un texto sea híbrido, es decir, que no se inscriba por completo en un género determinado y que participe de la naturaleza, los rasgos y las convenciones de dos o más géneros. Por ejemplo, un libro de texto muy especializado y basado en fuentes primarias de investigación poseerá características que lo aproximen al artículo de investigación.</p>
<div>
<h3>Clasificación por propósito retórico predominante</h3>
</div>
<p>Los géneros pueden clasificarse según su función social (pedagógica, p. ej., un libro de texto; divulgativa, p. ej., el artículo de divulgación; doméstica, p. ej., el prospecto médico; social, etc.) y según otros criterios, pero la clasificación más relevante para la traducción es la que se hace a partir de los propósitos retóricos predominantes. Básicamente, los textos científico-técnicos pueden tener tres propósitos: dar instrucciones sobre cómo llevar a cabo ciertas acciones (propósito instructivo), exponer información sobre un tema (expositivo) y convencer de una idea (argumentativo) (págs. 71-88 y 261-278).</p>
<p>¿Para qué sirve conocer el propósito retórico predominante? Para adecuar los procedimientos discursivos, terminológicos , gramaticales y léxicos a las exigencias del acto de comunicación. Por ejemplo, en un texto instructivo debe prestarse especial atención a las formas lingüísticas particulares en que se plasman las instrucciones, es decir, si se usa el modo imperativo de cortesía (p. ej., <em>practique una incisión</em>), el infinitivo (p. ej., <em>practicar una incisión</em>), el impersonal (p. ej., <em>se practica una incisión</em>), etc. Tiene que pensarse en cuál es el modo que mejor refleja el texto de partida, que no siempre será el mismo, y que también dependerá del género textual. En un texto expositivo, la estructuración de las frases, que permite la claridad, será particularmente importante. En un texto argumentativo, por otra parte, habría que prestar especial atención a cómo se logra la trabazón de las ideas por medio de conectores. Estos son solo inocentes ejemplos de cómo estos conceptos tienen una aplicación directa sobre la práctica de la traducción.</p>
<div>
<h3>La multifuncionalidad, las metafunciones y los niveles de análisis</h3>
</div>
<p>La comunicación en los ámbitos científico-técnicos es multifuncional. Existen tres metafunciones (ideacional, interpersonal y textual) que se realizan en cuatro niveles de análisis (situacional, total, local y terminológico). Por medio de la metafunción ideacional se representa la experiencia que se tiene del mundo real; con la interpersonal, la relación entre los participantes del acto comunicativo; mediante la textual, la organización y la cohesión del texto. El autor entrecruza estos conceptos y explica en detalle cada metafunción en cada nivel de análisis (págs. 97-126). Por ejemplo, la metafunción ideacional en el nivel local tiene que ver con recursos como la voz pasiva, que pone énfasis en el sujeto más que en la acción; con la nominalización, capaz de compactar la información en un nombre; con la metáfora, que enmarca información nueva en un esquema que es familiar para el lector, etc. Debe comprenderse por qué se utilizan estos recursos en los textos originales, para encontrar su equivalente al traducirlos.</p>
<div>
<h3>El resto del manual</h3>
</div>
<p>Estos conceptos, aquí apenas esbozados y desarrollados más ampliamente en los caps. 2 y 3 del libro, están muy presentes en los capítulos más prácticos, que tratan más concretamente sobre el desarrollo del proceso de traducción, con sus distintas fases; las técnicas de lectura para la comprensión del texto de partida; la utilización de los recursos de búsqueda y de consulta (en un capítulo que contiene una clasificación muy abarcadora de la documentación para la traducción), y, finalmente, la redacción y revisión del texto meta. También hay que decir que al comienzo del libro se estudia cómo los traductores han contribuido al avance del conocimiento a lo largo de la historia, en un capítulo en que me parece distinguir una profunda lectura de <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/03/la-ciencia-empieza-en-la-palabra/"><em>La ciencia empieza en la palabra</em></a>, reseñado aquí.</p>
<div>
<h3>Conclusiones</h3>
</div>
<p>En este libro, en el cual la influencia de la teoría literaria y la retórica tradicional es muy notoria, se encuentran nociones muy pertinentes para la comprensión global de la traducción, que a su vez tiene palpables consecuencias prácticas, que por limitaciones de espacio aquí no han podido describirse en detalle.</p>
<p>Para enseñar hay que definir, clasificar y ejemplificar. Todo ello lo hace Montalt con gran rigor intelectual. Las nociones que el autor aporta o toma de otros autores están admirablemente relacionadas, sobre todo cuando se entrecruzan las categorías de clasificación y se aplican a casos concretos.</p>
<p>Los conceptos de un libro escrito con claridad se comprenden, pero solo si el texto está escrito pedagógicamente esos conceptos se retendrán en la memoria con facilidad. La estructura capitular de cinco partes (introducción, visión global, contenido general, recapitulación y actividades prácticas), que es simétrica y circular, es realmente envolvente y estimula la memoria, al punto de que tras leer un capítulo uno se siente capaz de repetir en un examen o frente a un público lo que acaba de aprender, porque en un libro como este lo que se entiende, que es mucho, se aprende.</p>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<div class='et-box et-shadow'>
					<div class='et-box-content'><h4>Notas</h4>
<p>Vicent me regaló este libro generosamente en las VIII Jornadas de Tremédica y entonces yo le prometí una reseña. Ha tardado en llegar casi medio año, entre otros motivos porque se trata del primer libro completo que he leído en catalán, lo cual hizo más lento mi avance por sus páginas. Le agradezco la oportunidad que esta obra me ha dado de explorar una lengua con la que tenía poco contacto.</p>
<p>Como podrán notar, queridos lectores, he cambiado el diseño del blog y abandonado el uso del plural de autor con la idea de conferir algo más de cercanía y desenfado a la redacción, que percibía un poco acartonada.</div></div>
</div>
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		<title>La simbiosis traductor-editor, parte 1: tipología de los editores</title>
		<link>http://blog.invivoproyectos.com/2011/06/la-simbiosis-traductor-editor-parte-1-tipologia-de-los-editores/</link>
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		<pubDate>Thu, 23 Jun 2011 08:46:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[corrección]]></category>
		<category><![CDATA[corrección de estilo]]></category>
		<category><![CDATA[edición]]></category>
		<category><![CDATA[estilo]]></category>
		<category><![CDATA[redacción]]></category>
		<category><![CDATA[revisión científica]]></category>
		<category><![CDATA[terminología]]></category>

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		<description><![CDATA[La fase más importante en la elaboración de un texto traducido es, qué duda cabe, la traducción. Sin embargo, sobre un texto traducido se realizan una serie de intervenciones que complementan el trabajo del traductor: son las operaciones editoriales, y están a cargo de diferentes especies de profesionales, cuyas funciones es preciso conocer para comprender [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La fase más importante en la elaboración de un texto traducido es, qué duda cabe, la traducción. Sin embargo, sobre un texto traducido se realizan una serie de intervenciones que complementan el trabajo del traductor: son las operaciones editoriales, y están a cargo de diferentes especies de profesionales, cuyas funciones es preciso conocer para comprender la simbiosis editor-traductor, que caracterizaremos en entradas posteriores.<br />
<span id="more-792"></span><br />
Antes de intentar una clasificación, es necesario definir la figura del editor.<em> Lato sensu, </em>es el profesional del lenguaje que se ocupa de adecuar un texto a una situación comunicativa determinada, en los contenidos y en lo formal. Por ello, si la calidad de un texto se define como su capacidad para satisfacer una necesidad de comunicación, la gestión de la calidad es competencia del editor.</p>
<p>Esta calidad, objetivo final del proceso editorial, se plasma en una serie de parámetros, de características deseables:</p>
<ol>
<li>que la información sea lógica y veraz, y que refleje con exactitud el significado del original</li>
<li>que el texto meta esté completo</li>
<li>que el lenguaje sea correcto, fluido y adecuado a la situación comunicativa</li>
<li>que el texto se ajuste a las normas de la institución que encarga el texto</li>
<li>que se presente ordenadamente sobre la página, según normas tipográficas y estéticas fijadas por la tradición</li>
</ol>
<p>Puesto que pueden darse carencias en cualquiera de estos aspectos, tiene que haber profesionales capaces de subsanarlas. Así pues, hay un tipo de editor para cada parámetro, o para cada grupo de parámetros: especialistas en corrección conceptual, lingüística, estilística o tipográfica. Por supuesto que los procesos particulares de producción (de editoriales, laboratorios, empresas de servicios, etc.) integran las diferentes actividades editoriales de diversa manera, y las realizan en diferente orden, las repiten y superponen, las articulan según conveniencias particulares, lo cual implica ligeras modificaciones en las funciones de cada profesional; por eso la siguiente clasificación es solo tentativa.</p>
<div>
<h3>El editor sénior o editor jefe</h3>
</div>
<p>Es quien mejor conoce las necesidades de sus lectores, las características del género textual y los métodos para alcanzar la calidad necesaria. Es el puente entre el texto y el lector, la memoria viva de la empresa, el depositario de su experiencia previa, su seña de identidad textual, el intermediario por excelencia. En lo productivo, se trata del punto de partida y el punto final de la elaboración de todo texto.</p>
<p>Tiene muchas funciones: estudiar el original antes de mandarlo traducir, especificar el encargo de traducción plasmándolo en unas normas de producción, darles a los traductores los criterios y materiales para hacer su trabajo (libros de estilo, textos paralelos, memorias de traducción), asesorar a los traductores, controlar la calidad del trabajo del resto de editores, detectar rápidamente posibles problemas graves que puedan alterar el flujo de la producción, archivar y ordenar los documentos de las distintas fases de producción, revisar y actualizar las memorias de traducción, adecuar los manuales de estilo a las normas vigentes y, finalmente, brindar a los traductores una evaluación de su trabajo para que no repitan los errores ya cometidos. En ocasiones, el editor sénior también participa de la creación y revisión del flujo de trabajo de la institución.</p>
<p>De todos los editores, este es el más interdisciplinar y el que necesita poseer conocimientos y destrezas más variados: debe entender del tema científico-técnico tanto como de lingüística y edición, debe conocer muy bien la lengua de partida y la de llegada, debe tener conocimientos de documentación y dotes de coordinación y liderazgo, además de capacidad para evaluar el trabajo de otros y ser realista en los objetivos de calidad. Es lo más cercano a Superman que hay en el mundo del libro. La función de editor jefe está íntimamente ligada a la coordinación de producción o a los gestores de proyectos, y su labor puede llegar a ser tan compleja, tan llena de actividades secundarias, que el peligro de perder perspectiva es muy alto, sobre todo si debe preocuparse de demasiados detalles, pues interviene antes, al mismo tiempo y después de los traductores. Por eso conviene que tenga a su lado un <strong>editor júnior</strong> que se encargue de parte de estas tareas.</p>
<div>
<h3>El cotejador</h3>
</div>
<p>Estrictamente, es el encargado de comprobar la integridad del texto, aunque también puede verificar la corrección de las expresiones numéricas, los nombres propios y otros aspectos superficiales, pero no por ello poco importantes, del texto. No realiza una lectura detenida: simplemente compara a vuelo de pájaro el texto fuente y el texto meta para asegurarse de que no hay omisiones y ciertos datos que después ya no se comprobarán (p. ej., cifras, nombres propios) sean los correctos. Es un trabajo que requiere atención, orden y rigor, pero sobre todo gran constancia, pues puede resultar tedioso y maquinal. De acuerdo con el modo de producción, el cotejo puede omitirse o integrarse a otro proceso, pero no siempre es recomendable. Eso sí, conviene que se realice en fases tempranas de la producción, para que, en caso de omisión, haya tiempo de pedirle al traductor que la subsane.</p>
<div>
<h3>El revisor científico</h3>
</div>
<p>Es quien se ocupa de examinar los aspectos conceptuales del texto: su fidelidad al original, su veracidad, su uso de la terminología, su adecuación intelectual al destinatario. Su trabajo consiste en una comparación profunda entre el texto fuente y el texto meta. Es fundamental que el revisor posea los conocimientos científicos, teóricos y prácticos, de la disciplina de la que trata el texto, que lidie habitualmente con los temas tratados y que esté rigurosamente actualizado. Es muy recomendable que domine la lengua de partida, ya que muchas veces tendrá que acudir al original para solucionar un problema. Con frecuencia el revisor científico interviene en exceso y modifica aspectos ajenos a su competencia (p. ej., ortografía), introduciendo errores o usos poco convenientes (p. ej., son particularmente proclives a los extranjerismos crudos), y con frecuencia subestima las decisiones del traductor; por eso es que el revisor debe ser revisado. Idealmente, debe intervenir en fases tempranas de la producción, para que haya tiempo de solucionar los problemas conceptuales o terminológicos de gran calado que eventualmente se detecten.</p>
<div>
<h3>El corrector</h3>
</div>
<p>En teoría es quien se encarga de que el texto tenga arreglo a las normas gramaticales y ortográficas, por un lado; por otro, debe revisar la fluidez, el registro lingüístico, los aspectos idiomáticos y la coherencia terminológica.  Ahora bien, en la práctica hace mucho más, pues con frecuencia tiene que poner parches de todo tipo: traducir omisiones, redactar preliminares, elaborar índices alfabéticos, etc. En principio, su método es una lectura lineal, atenta y detenida del texto traducido, pero muchas veces debe utilizar herramientas informáticas variadas, por lo que, además de los conocimientos lingüísticos y editoriales, debe tener gran domino de los procesadores de texto. Sus fueros son la ortografía y la gramática españolas, pero es importante que también sepa manejar fuentes documentales sobre el tema del que trata el texto. Asimismo, debe poseer un conocimiento de la lengua fuente que le permita salir de dudas cuando el texto meta sea sospechoso. Aunque no es forzoso que domine el tema del que se trata, pues su trabajo es formal y no conceptual, conviene que esté familiarizado con los problemas terminológicos del área del conocimiento que trate.</p>
<p>Si el texto original tiene demasiadas deficiencias, es probable que el resultado del trabajo del corrector no sea satisfactorio, porque la solución simultánea de problemas dispares es muy difícil. El corrector suele prestar atención a ciertos aspectos en detrimento de otros. Si se busca una alta calidad de la redacción, la labor del corrector debería dividirse entre dos personas, pero la realidad es justamente la contraria: muchas veces, el corrector también debe llevar sobre sus hombros las funciones del corrector de estilo.</p>
<p>La corrección puede resultar una labor tediosa, ya que con frecuencia el corrector tendrá formación solo en letras y no entenderá del tema del texto, por lo que no tendrá estímulos intelectuales. Y es también una labor densa, llena de dilemas y decisiones difíciles, además de tensa, porque si se baja la guardia se pueden colar errores. Con frecuencia se le exige que el texto resultante de su intervención sea perfecto gramatical y ortográficamente. Y, puesto que ningún otro editor volverá a ver el texto con la profundidad que el corrector, es una labor definitiva, de máxima responsabilidad.</p>
<p>La falta de conocimientos sobre el tema puede jugarle malas pasadas, de manera que en cuestiones que afecten al plano conceptual lo prudente sería fiarse del trabajo del traductor o consultar al revisor científico, que en principio saben lo que hacen. El corrector debe tener cuidado de no cambiar el sentido de lo dicho, salvo cuando esté muy seguro de que subsana un error. Y no debe realizar intervención alguna que no esté respaldada por un fundamento ortográfico, lingüístico o tipográfico seguro. En la corrección, la intuición y la inspiración divina no deben existir. Como las traducciones literales son la norma, el corrector suele sospechar incluso de las construcciones gramaticales perfectamente castellanas que tiene el defecto de parecerse a las del inglés, y eso lo lleva intervenir a veces en exceso. Finalmente, conviene que el corrector o correctores intervengan después de quienes no sean expertos en gramática y ortografía, para solucionar los errores que estos introduzcan.</p>
<div>
<h3>El corrector de estilo</h3>
</div>
<p>Es quien se ocupa de revisar que el texto cumple las normas de estilo de la institución que encarga la traducción. Puesto que desde el traductor hasta el corrector todos debieran haber tenido en cuenta las normas, se esperaría que esta sea una labor plácida, de mera comprobación, pero la realidad no es así, porque las normas de estilo pueden ser sumamente numerosas y abarcar todos los estratos de un texto (ortográfico, tipográfico, gramatical, bibliográfico, terminológico, etc.), de manera que adaptar un texto a todas estas normas no es fácil. Por otro lado, las normas muchas veces no son del todo claras, y hay que interpretarlas para aplicarlas, así que las divergencias son esperables.</p>
<p>En principio, el método del corrector de estilo es la lectura detenida y atenta del texto en español, pero a veces debe interrumpirse y echar mano de herramientas del procesador de texto, como <strong>Buscar y reemplazar</strong>. Las virtudes que debe poseer un corrector de estilo son el rigor, el dominio total de las normas de la institución y el manejo del procesador de textos. Aunque su labor puede diferenciarse claramente de la del corrector, y metodológicamente quizá convenga mantenerlas diferenciadas, en la práctica suele ser la misma persona quien realiza la corrección y la lectura de estilo. Con todo, hay por lo menos dos casos en que lo prudente es que se realicen por separado: cuando las normas de estilo son muchas y cuando es previsible que el texto que entregue el traductor contenga muchos errores. En cuanto al momento de intervención, es bueno que trabaje al alimón con el corrector, en fases finales de la elaboración del texto.</p>
<div>
<h3>El lector de pruebas</h3>
</div>
<p style="text-align: left;">Es quien se encarga de que un texto ya diagramado esté plasmado correctamente sobre la página. Revisa particiones, paginación, blancos, colores; repasa títulos, epígrafes, viñetas, etc. Su intervención es superficial pero debe ser atenta, frecuentemente comparando el texto traducido con el original, si se busca copiarlo y se trata de un texto destinado a la imprenta. Si se trata de formatos fluidos para publicaciones no impresas, su labor es diferente. El lector de pruebas participa en una fase posterior, cuando el texto ya se encuentra diagramado e idealmente carece ya de todo error importante, pero con frecuencia no es así y resulta forzoso hacer varios juegos de pruebas: primeras, segundas, terceras… El lector de pruebas debe poseer conocimientos ortográficos, pero sobre todo debe estar al tanto de las normas de estilo, en particular las referentes a la tipografía. La lectura de pruebas, si se hace directamente en el programa de maquetación, implica el dominio de este programa; si se hace en PDF, hace falta conocer las herramientas de comentario correspondientes.</p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Editores.png"><img class="aligncenter size-large wp-image-794" title="Editores" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Editores-1024x333.png" alt="" width="553" height="180" /></a><br />
Uno de los dilemas que existen al diseñar un proceso productivo es que la intervención de muchas manos es al mismo tiempo deseable y problemática: diez ojos ven mejor que dos, pero demasiadas manos implicadas conllevan un riesgo de conflicto de criterios e incoherencia en un mundo en que la coherencia es un valor de primer orden. Por eso las funciones deben estar claramente delimitadas y superponerse lo menos posible, labor en que el editor sénior tiene un papel importantísimo. Además, el conflicto genera pérdidas de tiempo y dinero, que a nadie gustan.</p>
<p>Aunque una traducción verdaderamente mala de nacimiento tiene difícil solución, por muchas manos de pintura que se le apliquen, idealmente cada pequeño problema de traducción encuentra una solución en cada tipo de editor, de la misma forma en que cada especialista médico se ocupa de un tipo de enfermedad. Si los traductores hicieran perfectamente su trabajo, nada habría que hacer después, pero todos los traductores –y también los editores– se equivocan en alguna medida, ya que los requisitos de calidad son innumerables y la necesidad que se tiene de ella es muy alta. El traductor al que prácticamente no hay que tocarle el texto es una <em>rara avis,</em> y se merece todas las felicitaciones del mundo, pero la gran mayoría encuentra en la simbiosis con los editores el medio para alcanzar la calidad necesaria.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>La magia de Buscar y reemplazar</title>
		<link>http://blog.invivoproyectos.com/2011/06/la-magia-de-buscar-y-reemplazar/</link>
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		<pubDate>Mon, 13 Jun 2011 13:41:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Recursos]]></category>
		<category><![CDATA[Buscar y reemplazar]]></category>
		<category><![CDATA[macro]]></category>
		<category><![CDATA[recurso técnico]]></category>
		<category><![CDATA[Word]]></category>

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		<description><![CDATA[La herramienta Buscar y reemplazar (Ctrl + l) tiene un potencial mucho mayor que el que sugiere su simple apariencia. Debajo del botón Más &#62;&#62; hay un mundo de posibilidades que permiten hacer magia con los textos. Si sabemos utilizar este comando, podemos evitarnos muchos trabajos mecánicos y tediosos que normalmente llevaría mucho tiempo realizar, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La herramienta <strong>Buscar y reemplazar</strong> (Ctrl + l) tiene un potencial mucho mayor que el que sugiere su simple apariencia. Debajo del botón <strong>Más &gt;&gt;</strong> hay un mundo de posibilidades que permiten hacer magia con los textos. Si sabemos utilizar este comando, podemos evitarnos muchos trabajos mecánicos y tediosos que normalmente llevaría mucho tiempo realizar, por lo que el ahorro en costes puede ser muy considerable, sobre todo si los reemplazos automáticos se agrupan en macros. Aquí se explorarán algunas utilidades de esta herramienta, partiendo de los casos más simples hasta llegar a otros más complejos.<span id="more-738"></span></p>
<div>
<h3>Para tomar decisiones de unificación</h3>
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<p>Empezaremos con una utilidad muy sencilla, y quizá obvia, especialmente útil para la revisión o la corrección: <strong>Buscar y reemplazar</strong> para conocer el número de veces que aparece una secuencia. Por ejemplo, si trabajamos en un extenso documento en el que detectamos una incoherencia, como que la sigla de <em>anticuerpo anti membrana basal</em> se encuentra de dos maneras diferentes: <em>AAMB</em> y <em>AcAMB.</em> Quisiéramos simplemente unificar, puesto que ambas siglas nos parecen igual de buenas, y modificando el original lo menos posible. Se hace necesario, por tanto, saber cuál de las dos predomina, pero buscar manualmente y tomar nota del número de apariciones puede resultar muy tedioso. Sin embargo, si reemplazamos <em>AAMB </em>por <em>AAMB,</em> la misma secuencia, y hacemos clic en <strong>Reemplazar todos</strong>, no se producirá ningún cambio en el documento y podremos saber cuántas veces aparece dicha sigla en el mensaje «Word terminó de buscar en el documento y realizó x reemplazos», ya que el número de reemplazos será igual al número de apariciones de la secuencia. Así pues, si <em>AAMB</em> es más frecuente que <em>AcAMB,</em> daremos prioridad a la primera y sustituiremos todas las <em>AcAMB</em> por <em>AAMB</em> con otro reemplazo. Este mismo procedimiento puede seguirse cuando se quiere unificar voces con dos acentuaciones posibles (p. ej., periodo o período), palabras escritas con minúscula o mayúscula inicial, términos escritos en redonda, cursiva (p. ej., shock o<em> shock</em>) o negrita (p. ej., Figura 1 o <strong>Figura 1</strong>), etc. Es cuestión de saber utilizar las casillas <strong>Coincidir mayúsculas y minúsculas</strong> y <strong>Solo palabras completas</strong> y las opciones de <strong>Formato, </strong>que se hacen visibles tras hacer clic en el botón<strong> Más &gt;&gt;</strong>.</p>
<p><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/AAMB.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-739" title="AAMB" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/AAMB-300x249.png" alt="" width="300" height="249" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<h3>Para limpiar el texto</h3>
</div>
<p>Es muy frecuente que el texto se «ensucie» con una serie de secuencias de signos y espacios que son siempre ortográficamente inadmisibles: dos espacios seguidos; espacio seguido de punto, coma, punto y coma, dos puntos; signos dobles de apertura (¿, ¡, &lt;, ‘, “, «, [, (, {) seguidos de espacio; signos dobles de cierre precedidos de espacio (?, !, &gt;, ’, ”, », ], ), }); espacio tras salto de párrafo (^p), entre otras muchas posibilidades. Detectar estas secuencias manualmente es difícil y tedioso, y corregirlas, más todavía. Por ello conviene utilizar el comando <strong>Buscar y reemplazar</strong>.<strong> </strong>El procedimiento consistirá en buscar una a una las secuencias que no queremos y reemplazarlas por los caracteres adecuados.<strong> </strong>Por ejemplo, buscar punto precedido de espacio y reemplazarlo por punto haciendo clic en <strong>Reemplazar todos</strong>, y así con todas las sustituciones que creamos convenientes para limpiar el texto.</p>
<p><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Limpieza.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-747" title="Limpieza" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Limpieza-300x254.png" alt="" width="300" height="254" /></a></p>
<p>Puesto que es muy probable que limpiar el texto sea una medida que tomaremos habitualmente, crear una macro que agrupe estas sustituciones y las ejecute con solo un comando puede resultar muy provechoso. Para ello hay que tener en cuenta que el orden de las sustituciones es importante, que antes de crear la macro conviene tener una lista con todas las instrucciones que daremos y que en la lista deben incluirse solo cambios que sean correctos en todos los contextos. Pueden encontrarse más detalles sobre este tema en <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/02/macros-en-word-un-caso-practico/">Macros en Word: un caso práctico.</a></p>
<div>
<h3>Un caso sencillo: separación de caracteres</h3>
</div>
<p>Aquí partiremos de un caso ficticio. Digamos que durante la redacción de un texto nos hemos distraído y en algunas ocasiones no hemos introducido el espacio entre el símbolo de grado Celsius (°C) y la cifra que lo acompaña. Así pues, tenemos <em>25°C</em> conviviendo con <em>25 °C.</em> ¿Cómo introducir automáticamente el espacio faltante en los casos oportunos? Reemplazar el símbolo del grado (°) por el símbolo del grado antecedido de un espacio no es una opción, porque habrá casos (p. ej., un ángulo de 45°) en que lo correcto es que el símbolo de grado vaya pegado a la cifra. Por lo tanto, hay que buscar la secuencia <em>°C</em> y reemplazarla por ella misma antecedida de un espacio. El problema que esto generará es que, en los casos en que antes del cambio sí había un espacio de separación, ahora habrá dos espacios. Esto se soluciona reemplazando dos espacios por un solo espacio, como una medida de limpieza. De esta forma, tendremos en todos los casos el símbolo de grado Celsius separado de la cifra. Existe una manera de hacerlo con un solo comando de <strong>Buscar y reemplazar</strong>, pero eso requiere dominar el uso de comodines, que trataremos más adelante.</p>
<p><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Celsius.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-746" title="Celsius" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Celsius-300x252.png" alt="" width="300" height="252" /></a></p>
<div>
<h3>Un caso no tan sencillo: sustituciones con contexto</h3>
</div>
<p>Pongamos por caso que, por comodidad, en nuestra redacción hemos puesto el símbolo del ordinal masculino (º) en lugar del símbolo de grado (°), menos accesible en el teclado. Así pues, para referirnos al ángulo recto con el que se introduce un catéter tenemos <em>90º</em> en lugar de <em>90°.</em> Una sustitución de todos los símbolos de ordinal masculino por todos los símbolos de grado no serviría, ya que en el texto también pueden encontrarse abreviaturas que incorporan correctamente el símbolo del ordinal, como <em>2.º, 3.º</em>, etc. Por tanto, hay que pensar en cuál es el denominador común de lo que tenemos que buscar: no es <em>º</em> a secas, sino <em>º</em> antecedido de un número cualquiera. Realizaremos tres sustituciones con <strong>Buscar y reemplazar</strong>. Primero reemplazaremos la secuencia <em>.º</em> por un carácter que no se use en el texto, por ejemplo, el símbolo del yen (¥), para proteger esta secuencia de la sustitución posterior. A continuación, reemplazaremos el símbolo del ordinal (º) por el símbolo del grado (°). Finalmente, sustituiremos el símbolo del yen (¥) por la secuencia <em>.º.</em> Esta dinámica de «proteger» una secuencia cambiándola por un símbolo que no se usa (que en esta entrada será siempre ¥), para que un reemplazo posterior no la afecte, es sumamente útil, pues se aplica a múltiples situaciones, como se verá más adelante.</p>
<p><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Ordinales.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-748" title="Ordinales" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/Ordinales-300x250.png" alt="" width="300" height="250" /></a></p>
<div>
<h3>Un caso más difícil: sustitución de expresiones con formato</h3>
</div>
<p>Partiremos del supuesto de que hemos traducido un texto de neumología en que se habla con frecuencia de la presión alveolar de oxígeno (PaO<sub>2</sub>) y otros conceptos relacionados con la respiración que incluyen el símbolo del oxígeno (O<sub>2</sub>). Por comodidad, durante el proceso de escritura no aplicamos el estilo de subíndice al número 2, de modo que tenemos en el texto cientos de casos como PaO2, FiO2, etc., en que hace falta aplicar el formato de subíndice, pero solo al número 2, de forma que no es viable reemplazar la expresión sin formato por la misma expresión en subíndice. Queremos que todo <em>2</em> que siga a <em>O</em> tenga formato subíndice. ¿Cómo hacerlo automáticamente? Marcando la casilla <strong>Usar caracteres comodín</strong>,<strong> </strong>que permite crear grupos en las secuencias de texto buscado y reemplazado, y creando grupos de búsqueda. Para crear grupos, basta con encerrar una secuencia entre paréntesis en la casilla <strong>Buscar:</strong> y sustituirla con <em>\1</em> y <em>\2 </em>(barra oblicua invertida [Alt Gr + º] más número de la secuencia), que representan los grupos buscados en la casilla de <strong>Reemplazar con:</strong>. Así, si queremos hacer dos grupos, podríamos poner en <strong>Buscar:</strong> (O)(2) y, en <strong>Reemplazar con:</strong>,  \1¥. El resultado será la transformación de PaO2 en PaO¥ y de FiO2 en FiO¥. A continuación, con la casilla <strong>Usar caracteres comodín</strong> desactivada, se reemplaza el símbolo del yen por el 2 con formato subíndice <strong>(Formato/Fuente/Subíndice)</strong>, y entonces el resultado será PaO<sub>2</sub>, FiO<sub>2</sub>, etc.</p>
<p><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/O2.png"><img class="aligncenter size-medium wp-image-749" title="O2" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/06/O2-300x250.png" alt="" width="300" height="250" /></a></p>
<div>
<h3>Un caso complejo: hispanización de expresiones numéricas</h3>
</div>
<p>Supongamos que traducimos del inglés un texto extenso y con gran cantidad de tablas con grandes cifras, con millares y decimales, que, como se sabe, en la lengua de partida tienen una notación distinta de la española (p. ej., <em>12,345.67</em> frente a <em>12 345,67;</em> o <em>12.345,67</em> en la tradición científico-técnica; o bien <em>12 345.67,</em> como prefiere ahora la RAE). Reemplazar manualmente uno a uno todos estos casos podría ser sumamente tedioso y tomar muchísimo tiempo. Por eso conviene saber utilizar las sustituciones con comodines. Para reemplazar la coma de los millares por punto y el punto decimal por coma, debemos seguir el método que se describe a continuación.</p>
<p>Con la casilla <strong>Usar caracteres comodín </strong>marcada, procederemos de la siguiente manera: 1) buscaremos número (millares) seguido de coma, seguida de tres números (centenas, decenas y unidades) y reemplazaremos esto por número (millares), seguido de símbolo del yen (¥), seguido de tres números (centenas, decenas, unidades); 2) buscaremos número (unidades) seguido de punto, seguido de número (decimales), y reemplazaremos esto por número (unidades) seguido de coma, seguido de número, y 3) tras desactivar la casilla <strong>Usar caracteres comodín</strong> buscaremos el símbolo del yen (¥) y lo reemplazaremos con un punto. Para llevar a cabo todo esto conviene saber que ‘cualquier número’ en el idioma de los comodines se dice <em>[0-9]</em>. La operación completa, en lenguaje de los comodines, se expresa de la siguiente manera:</p>
<ol>
<li>([0-9])(,)([0-9][0-9][0-9]) → \1¥\3</li>
<li>([0-9])(.)([0-9]) → \1,\3</li>
<li>¥ → .</li>
</ol>

		<div class='et-image-slider et_sliderfx_slide et_sliderauto_true et_sliderauto_speed_5000 et_slidertype_images' id='et-image-slider756'>
			<div class='et-image-slides'>
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		<div class='et-image' style='background: url(http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/et_temp/Números-B-24943_570x474.png) no-repeat; width: 570px; height: 480px;'><span class='et-image-overlay'> </span></div> 
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			</div>
			
			<div class='et-image-shadow'></div>
			<div class='et-image-shadowleft'></div>
			<div class='et-image-shadowright'></div>
		</div> <!-- .et-image-slider -->
		
<p>Estos ejemplos de secuencias de reemplazos automáticos representan solo una fracción de las posibilidades de esta herramienta. Dominar por completo el idioma de los comodines (que por cierto, se encuentra descrito <a href="http://word.mvps.org/faqs/general/UsingWildcards.htm">aquí</a>) requiere cierto tiempo y experiencia, pero tiene enormes alcances.</p>
<div>
<h3>Macros de sustituciones</h3>
</div>
<p>Como se mencionó en «Para limpiar el texto», las secuencias de reemplazos automáticos que esperamos utilizar en otro momento pueden agruparse en macros. Pueden hacerse macros de adaptación al estilo preferido por un cliente, como vimos en <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/02/macros-en-word-un-caso-practico/">Macros en Word: un caso práctico</a>, pero también de hispanización de expresiones numéricas (que agrupen las sustituciones descritas anteriormente), de sustitución de frases gramaticalmente incorrectas, de unificación de estilo para palabras con dos grafías posibles, etc.</p>
<p>Crear macros de reemplazos automáticos requiere un mínimo de conocimientos, algo de esfuerzo, y mucho cuidado y precisión; pero cuando están listas, utilizarlas y ver sus extraordinarios resultados y el ahorro en tiempo que nos proporcionan produce la sensación de que se está haciendo verdaderamente magia.</p>
<div>
<h3>Agradecimiento</h3>
</div>
<p>Gracias a Antonio Martín, de Cálamo y Cran, que nos resolvió muchas dudas sobre el uso de los comodines.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>IV Jornada de Terminología y Traducción Institucional</title>
		<link>http://blog.invivoproyectos.com/2011/05/iv-jornada-de-terminologia-y-traduccion-institucional/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2011 17:34:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Comisión Europea]]></category>
		<category><![CDATA[Euramis]]></category>
		<category><![CDATA[IALE]]></category>
		<category><![CDATA[jornada]]></category>
		<category><![CDATA[libro blanco]]></category>
		<category><![CDATA[memoria de traducción]]></category>
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		<category><![CDATA[TERMINESP]]></category>
		<category><![CDATA[traducción institucional]]></category>
		<category><![CDATA[VALITER]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer, 23 de mayo, se celebró en Madrid la IV Jornada de Terminología y Traducción Institucional organizada por la Dirección General de Traducción de la Comisión Europea, acto solemne en que se presentó el Libro Blanco de la traducción e interpretación institucional, se abordaron temas como el multilingüismo en la Comisión Europea y las memorias [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer, 23 de mayo, se celebró en Madrid la <strong>IV Jornada de Terminología y Traducción Institucional</strong> organizada por la <strong>Dirección General de Traducción</strong> de la <strong>Comisión Europea,</strong> acto solemne en que se presentó el <strong><em>Libro Blanco</em></strong> de la traducción e interpretación institucional, se abordaron temas como el multilingüismo en la Comisión Europea y las memorias de traducción, y se dio a conocer el avance de proyectos terminológicos como TERMINESP y VALITER. El programa completo puede consultarse <a href="http://blogs.nebrija.es/dla/files/2011/05/Programa-4%C2%AA-Jornada.pdf">aquí</a>.</p>
<p><span id="more-730"></span></p>
<h3>El <em>Libro Blanco</em></h3>
<p>El <em>Libro Blanco</em> <em>de la traducción y la interpretación institucional</em> recoge sondeos sobre la práctica de la traducción en distintas instituciones del país y analiza su eficacia, su uniformidad y su conformidad a las normas vigentes y a los principios de mejor práctica con el fin de proponer reformas consecuentes que se plasmen en forma de normas.</p>
<p>Según este informe, la situación está muy lejos de ser la deseable, puesto que ni el marco jurídico de la traducción e interpretación institucional es el adecuado, ni el acceso a los medios tecnológicos es suficiente. De hecho, la gran mayoría de los traductores institucionales tiene un acceso restringido a Internet y solo un porcentaje ínfimo trabaja con memorias de traducción y recursos similares. Los requisitos de acceso a los puestos públicos no son uniformes, y las funciones que desempeñan los traductores e intérpretes no siempre son las propias de su formación.</p>
<p>Entre las propuestas que el libro contiene se encuentran la búsqueda de un reconocimiento de la profesión de traductor o intérprete en la Administración, la no obligación a que el traductor o intérprete realice trabajos no acordes con su profesión y la dotación sin cortapisas de acceso a Internet. Esto implica la modificación de textos legales, judiciales y procesales básicos, que establezcan requisitos de acceso, acreditación y formación uniformes, y la creación de servicios de traducción e interpretación con la denominación de tales. En la obra se muestra cómo es necesaria la profesionalización en general, lo cual implica, entre otras cosas, evitar la doble direccionalidad de la traducción, diferenciar claramente entre traductores e intérpretes, exigir una formación específica a los mediadores interculturales, preparar manuales de estilo para cada institución y crear servicios de terminología y documentación eficaces. También es importante reducir drásticamente la subcontratación y promover la creación de plantillas estables y propias de cada organismo, elaborar códigos deontológicos para la profesión y fomentar la colaboración entre los profesionales de la traducción y los gestores administrativos.</p>
<p>Por expresarlo en términos clínicos, el equipo que preparó este <em>Libro Blanco,</em> que ha detectado los signos y síntomas de la enfermedad, y empleado buenas herramientas de diagnóstico, también ha sentado las bases de cuál debe ser el tratamiento, que requiere, en gran medida, intervenciones radicales, quirúrgicas. Ojalá la Administración sea capaz de proporcionar el equipo necesario y administre un tratamiento que en verdad cure al paciente.</p>
<h3>Memorias de traducción en la traducción institucional</h3>
<p>Una de las ponencias más interesantes de la jornada fue la que trató las memorias de traducción en el marco de la traducción institucional. Se mostró cómo en una institución, ámbito en el que prima el trabajo en equipo, es un requisito imprescindible de calidad tener siempre en cuenta el historial de traducción, la sistematización terminológica que dota de precisión, conformidad a las normas y coherencia, tanto sincrónica como diacrónica, a los textos, lo cual puede lograrse solamente mediante la gestión eficaz de memorias de traducción.</p>
<p>Algunas frases, pronunciadas en la ponencia, que resumen esta perspectiva son: «en traducción institucional, la buena práctica es el plagio», «compulsamos compulsivamente el trabajo ajeno» y «el gestor de las memorias limpia, fija y da esplendor». La manipulación <em>a posteriori</em> de segmentos ya traducidos es un requisito para la calidad de la terminología, la fraseología y el estilo de todo texto institucional.</p>
<p>Uno se pregunta cómo, según el libro blanco, hay traductores institucionales que no utilizan memoria alguna y que ni siquiera cuentan con acceso a Internet, y por lo tanto ni siquiera pueden usar el <a href="http://demo.statmt.org/">MOSES,</a> en el que se han volcado memorias de traducción altamente depuradas para lograr un traductor con un motor estadístico potente. Por fortuna, los miembros de la Dirección General de Traducción sí cuentan con acceso a Internet, porque de lo contrario no serían capaces de usar la <a href="http://iate.europa.eu/iatediff/SearchByQueryLoad.do;jsessionid=9ea7991c30d77abe96af32d64033bfcbc8e8619c71b5.e3iLbNeKc38Ke3eKaNiLaxyTc40?method=load">IATE</a> o los Euramis <em>(</em><em>European advanced multilingual information systems),</em> sistemas de información multilingüe vinculados estrechamente al uso de las memorias de traducción.</p>
<h3>Desarrollo de proyectos terminológicos</h3>
<p>La ausencia de María Teresa Cabré no fue obstáculo para que se expusiera el estado actual de <a href="http://www.wikilengua.org/index.php/Wikilengua:Terminesp">TERMINESP,</a> iniciativa que se encuentra en una fase de desarrollo todavía muy temprana, pues no parece haber progresado mucho con respecto a <a href="http://ec.europa.eu/translation/bulletins/puntoycoma/103/Jornada4.pdf">su situación de hace dos años</a>. Se ha hecho evidente que el proyecto carece de los fondos necesarios para avanzar con el ritmo que su importancia exigiría. Caso diferente es el de <a href="http://valiter.es/VALITER">VALITER,</a> una red de validación de terminología que, aunque no cuenta todavía con especialistas en todos los campos científicos, ya tiene su página web propia y está cerca de funcionar normalmente. El debate en torno a la influencia del inglés en la neología, junto con la tensión entre referencialidad y corrección, dilemas constantes en la práctica terminográfica, enriqueció notablemente la ponencia de Luis González y David Galadí.</p>
<p>No es propósito de este artículo valorar todas las ponencias de la jornada, puesto que se alargaría en demasía, pero es necesario destacar la excelente organización y el dinamismo de Luis González, que consiguió que distinguidos personajes del mundo de la traducción, como Margaret Clark, Fernando Navarro o Alicia Martorell no faltaran a la cita e hicieran de los entreactos otro momento de ameno aprendizaje. Uno se queda con la pregunta de si en la V Jornada ya podrán notarse avances en la aplicación de las propuestas del <em>Libro Blanco</em> y si los proyectos terminológicos habrán pasado a ser una grata realidad.</p>
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		<title>The History of Medicine</title>
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		<pubDate>Wed, 04 May 2011 09:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[historia de la medicina]]></category>
		<category><![CDATA[reseña]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuánto se puede decir sobre la historia de la medicina en 184 páginas? A esta pregunta algunos contestarán que prácticamente nada; otros, que, por mucho que se condense la información, necesariamente poco, y ambas respuestas tienen mucho sentido. Sin embargo, sería más acertado decir: «poco, pero lo suficiente para despertar el apetito de leer mucho [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cuánto se puede decir sobre la historia de la medicina en 184 páginas? A esta pregunta algunos contestarán que prácticamente nada; otros, que, por mucho que se condense la información, necesariamente poco, y ambas respuestas tienen mucho sentido. Sin embargo, sería más acertado decir: «poco, pero lo suficiente para despertar el apetito de leer mucho más». El requisito para que esta respuesta sea correcta es que el libro esté bien escrito, y <strong><em>The History of Medicine,</em></strong> de <strong>William Bynum,</strong> lo está.<span id="more-696"></span> <strong><div class='et-box et-shadow'>
					<div class='et-box-content'></strong></p>
<p><strong><span style="color: #6c2d85;">Título:</span> <em>The History of Medicine. A Very Short Introduction</em><img class="alignright size-full wp-image-697" style="border: 1px solid black;" title="Bynum_vsi.indd" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/05/9780199215430.jpg" alt="" width="68" height="110" /> </strong></p>
<p><strong><span style="color: #6c2d85;">Autor:</span> William Bynum </strong></p>
<p><strong></strong> <strong><span style="color: #6c2d85;"> Editorial:</span> Oxford University Press </strong></p>
<p><strong></strong> <strong><span style="color: #6c2d85;"> Año de publicación: </span>2008</strong></p>
<p><strong></div></div> </strong></p>
<p><strong></strong> Esta obra describe el nacimiento y el desarrollo de la medicina desde la Antigüedad clásica hasta la Edad Moderna, pasando por la escolástica medieval y la Ilustración, y trata también ciertos temas preocupantes de la medicina actual. Para explicar la estructura del libro, dividido en seis capítulos temáticos, Bynum echa mano de una representación esquemática que resalta las unidades de análisis, el lugar de trabajo y las metas que los médicos han tenido a lo largo de la historia:</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/05/Esquema.png"><img class="size-full wp-image-698 aligncenter" title="Esquema" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/05/Esquema.png" alt="" width="500" height="265" /></a></p>
<p>Los cinco primeros capítulos examinan estos cinco tipos de medicina en su contexto histórico; el sexto, la medicina contemporánea, en la que se integran los legados de las cinco formas anteriores. Esta distribución del material, que <em>grosso modo</em> coincide con la cronología, se muestra bastante eficaz en términos expositivos y además crea hilos conductores que permiten agrupar los datos históricos sin perder el norte. La síntesis llevada a cabo por el autor –forzosa, dado el formato del libro– no le impide rescatar algunos datos concretos en forma de anécdotas y coloridas descripciones.</p>
<p>Al tratar la publicación de los primeros libros de anatomía científica (p. 31), se narra lo siguiente: «La anatomía era un aspecto de la actividad médica que provocaba repulsión en buena parte de la población: la disección se consideraba algo moralmente degradante, asqueroso y cruel. A la postre, esta práctica llevó a un tráfico clandestino para el suministro de cadáveres por medios ilegales, por lo general mediante la profanación de tumbas pero algunas veces mediante el asesinato». Estos datos escabrosos, que invitarían a escribir una novela negra, con estudiantes de medicina tan ávidos de ciencia como faltos de escrúpulos, saliendo de las nieblas londinenses con olor a formol y manchas de sangre en los zapatos, se utilizan para explicar la imagen de la medicina y la sed de conocimiento anatómico en los siglos posteriores a Vesalio.</p>
<p>El autor no se olvida de aderezar algunos temas estrictamente científicos con anécdotas que permiten ubicar muy bien la medicina en el contexto social de las diferentes épocas, como en el caso de María Tifoidea (p. 88): «Esta mujer de origen irlandés trabajó como cocinera para una serie de familias adineradas de Nueva York en la primera década del siglo XX. Se encontraba perfectamente bien, pero mostraba todas las características que Robert Koch había identificado recientemente como el “estado de portador”, es decir, esparcía las bacterias de la fiebre tifoidea sin tener los síntomas. Infectó a miembros de muchas familias y los brotes aislados fueron investigados por oficiales sanitarios públicos. A pesar de ser una mujer inmigrante, de poca formación, y estar segura de no haber hecho nada malo, María era una peligro sanitario público y fue encarcelada por su “crimen”».<img class="alignright size-medium wp-image-716" style="margin-top: 15px; margin-bottom: 15px;" title="robert_koch1" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/05/robert_koch11-262x300.jpg" alt="" width="262" height="300" /></p>
<p>Otra anécdota, tan sabrosa como explicativa, es la que protagonizó Von Pettenkofer para demostrar que la teoría de Koch sobre el cólera era errónea (p. 104): «En un gesto famoso, apuró de un trago un matraz infectado por el bacilo de Koch y sufrió solo una ligera diarrea, pero nada parecido a la enfermedad del cólera en toda su expresión. Los pros y contras del bacilo de Koch fueron objeto de eruditos debates durante la última década del siglo XIX. Una vacuna parcialmente eficaz preparada en la India a partir del bacilo por el bacteriólogo ruso Waldemar Haffkine (1860-1930) ayudó a cambiar las tornas, y la difusión del bacilo por vía oral-fecal pareció ser la respuesta a la mayoría de interrogantes epidemiológicas». Hoy en día, nadie en su sano juicio ingeriría voluntariamente una cepa de ningún microorganismo potencialmente dañino para demostrar la invalidez de una teoría, pero, por lo visto, en el siglo XIX la ciencia utilizaba una retórica diferente y espectacular.</p>
<p>Bynum sostiene que en la medicina contemporánea la investigación se realiza principalmente para curar los trastornos del Primer Mundo, no los de los países más pobres, donde hay gran necesidad de curas pero pocas oportunidades de lucro para las farmacéuticas, cuyo objetivo ideal es desarrollar medicamentos que se tengan que tomar por años para paliar los efectos de las enfermedades crónicas. El caso del sida es una prueba de que la asistencia sanitaria moderna está orientada al mercado (p. 154-155). Puesto que se manifestó por primera vez en un país rico, la investigación biomédica se llevó a cabo rápidamente, y gracias a ello se desarrollaron antivíricos que han hecho que la enfermedad, en Occidente, se convierta en un trastorno crónico, pero en África, debido al precio de los fármacos y a la falta de infraestructura, tiene una mortalidad altísima. Enfermedades prevalentes en África no son objeto de suficiente investigación porque el mercado objetivo de los fármacos que las curarían no es atractivo. Siendo esta la situación, ¿cómo hay que entender que muchas empresas inviertan más dinero en publicidad y ventas que en investigación? Como puede apreciarse, el libro no elude los aspectos socioeconómicos de la ciencia vinculada a la práctica médica.</p>
<p>Aunque aquí se hayan citado algunas curiosidades y problemas concretos por afán ilustrativo, el libro no es solo eso, sino un discurso claro y bien articulado en que los acontecimientos interactúan con el lento gestarse de conceptos, en marcos sociales cambiantes que afectaron al desarrollo de la ciencia médica. El libro muestra cómo el pensamiento de cada época propiciaba el auge o el descrédito de ciertas ideas sobre la salud y la enfermedad, y que con el paso del tiempo, poco a poco, con la colaboración de personajes de lenguas y países diversos, el conocimiento se va acumulando y sistematizando, al tiempo que surgen nuevos retos y se pierde la confianza en viejos ideales. La conclusión (p. 156) tiene un inequívoco sabor de desencanto: «La ciencia y la práctica médica a ella asociada se encuentran entre los más importantes logros de la cultura occidental. Las necesitamos, pero la ciencia médica por sí sola no puede resolver los problemas de los seres humanos. Ya no vivimos en un mundo en que la idea de progreso inevitable genere mucha convicción». Naturalmente, por muy bien concebido y estructurado que esté este libro, se trata de una mera introducción que no saca de su condición de aficionado a cualquier lego. Carece de información técnica que contribuya a afrontar las dificultades específicas de la traducción médica y por ello su valor para el profesional del lenguaje es limitado, pues no hace más que aportar contexto, perspectiva. Con todo, no debe soslayarse el valor estimulante que puede tener un libro breve y bien escrito sobre un tema tan amplio, que podría profundizarse <em>ad infinitum. </em>Por su estructuración, su claridad, su capacidad de síntesis y sus interesantes anécdotas, este libro de Will Bynum posee un poder motivador que haría muy recomendable su traducción al español.</p>
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<h3>Sobre la colección<img class="alignright size-full wp-image-703" style="border: 0px initial initial;" title="Statistics-A-Very-Short-Introduction-Very-Short-Introductions" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/05/Statistics-A-Very-Short-Introduction-Very-Short-Introductions.jpg" alt="" width="210" height="280" /></h3>
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<p>La colección <a href="http://ukcatalogue.oup.com/nav/p/category/academic/series/general/vsi/R/browse+within+this+series/medicine+%26+health/n/4294921796.do?sortby=bookTitleAscend&amp;nType=2" target="_blank">Very Short Introductions</a> –que, por cierto, tiene un diseño excelente– cuenta con un importante número de obras dedicadas a temas de ciencias médicas (farmacología, epidemiología, ética médica, psiquiatría, cáncer, esquizofrenia, etc.), que, tomadas en su conjunto, pueden constituir un punto de partida para que el no especialista acceda a un conocimiento básico que le permita comprender mejor la traducción y la edición de documentos de medicina y ciencias afines.</p>
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		<title>Cursiva en palabras extranjeras, segunda parte</title>
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		<pubDate>Tue, 03 May 2011 08:18:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ortotipografía]]></category>
		<category><![CDATA[anglicismo]]></category>
		<category><![CDATA[cursiva]]></category>
		<category><![CDATA[extranjerismo]]></category>
		<category><![CDATA[ortografía]]></category>
		<category><![CDATA[ortotipografía]]></category>
		<category><![CDATA[préstamo]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace ya algún tiempo se trató en este blog el uso de la cursiva en los extranjerismos, pero quedaron sueltos algunos hilos que ahora conviene retomar, a la luz de las normas de la nueva Ortografía de la RAE, que se ha pronunciado ampliamente sobre este particular (pp. 599-619). Este tema es especialmente importante para [...]]]></description>
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<p>Hace ya algún tiempo se trató en este blog <a href="http://blog.invivoproyectos.com/2011/01/cursiva-en-palabras-extranjeras/">el uso de la cursiva en los extranjerismos</a>, pero quedaron sueltos algunos hilos que ahora conviene retomar, a la luz de las normas de la nueva <em>Ortografía</em> de la RAE, que se ha pronunciado ampliamente sobre este particular (pp. 599-619). Este tema es especialmente importante para las obras científico-técnicas, en que los préstamos del inglés y las locuciones latinas son bastante frecuentes.<br />
<span id="more-682"></span>
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<p>La situación anterior a la aparición de esta nueva ortografía presentaba algunas inconsistencias y áreas de incertidumbre: voces parcialmente adaptadas y vacilación en la escritura de las locuciones latinas. En la nueva obra académica se ha equiparado el tratamiento de extranjerismos en general, latinismos y locuciones latinas bajo un criterio tajante y claro: lo adaptado, sea cual sea su origen, se escribe en redonda y según las normas ortográficas del español; lo no adaptado, con mantenimiento de la escritura original y en cursiva.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-683 aligncenter" style="margin-top: 5px; margin-bottom: 5px; border: 0px initial initial;" title="Palabras-2" src="http://blog.invivoproyectos.com/wp-content/uploads/2011/05/Palabras-2.png" alt="" width="500" height="202" /></p>
<p>Una primera consecuencia de la aplicación de este criterio es la eliminación de las grafías ajenas a las normas ortográficas del español:<em> quásar, quórum </em>y<em> quadrívium </em>ahora se deben escribir <em>cuásar, cuórum </em>y<em> cuadrivio,</em> ya que en el uso se comportan a todos los efectos como palabras españolas. Las que se sigan percibiendo como extranjeras se escribirán en cursiva y según las normas de escritura de la lengua de origen: <em>frigidarium, software, </em>etc.</p>
<p>Según las nuevas normas, las locuciones latinas ahora se escribirán en cursiva y sin adaptar. Para facilitar su correcta lectura y pronunciación a los hablantes menos familiarizados con el latín, ha sido costumbre registrar en el diccionario académico las locuciones latinas más habituales en redonda y con las tildes necesarias para su correcta pronunciación. Pero las locuciones latinas menos frecuentes, que no figuraban en el diccionario, se hallaban en un terreno de incertidumbre: uno se veía inclinado a escribirlas en cursiva, por su carácter extranjero, pero por analogía con las conocidas (p. ej., <em>in artículo mortis,</em> <em>in péctore,</em> adaptadas y en redonda), también había razones para dejarlas en redonda y adaptar su ortografía. El nuevo criterio equipara las frecuentes y las más raras, estén o no en el diccionario: todas las locuciones latinas se escriben en latín y con resalte tipográfico: <em>ipso facto, in situ, motu proprio, sine die,</em> etc. Por supuesto, esto no impide que algunas expresiones, las que con el tiempo se han integrado completamente al léxico español, se escriban en redonda y adaptadas, como <em>verbigracia</em> o <em>suigéneris.</em></p>
<p>Sigue existiendo un ámbito de posible vacilación en las voces adaptadas que suenan como latinas y se escriben igual que las que las originaron (p. ej., <em>detritus</em>): ¿deben escribirse de cursiva o redonda? En redonda, naturalmente, si se entiende que están en español; pero en muchos casos el escribiente dudará, puesto que la coincidencia con el latín invitará a pensar que son voces no adaptadas. En el ejemplo anterior, la existencia de <em>detrito,</em> voz sobreadaptada, podría sugerir que <em>detritus</em> es forzosamente una palabra no española, pero no es el caso. Con todo, el grupo de palabras en que puede producirse esta ambigüedad es restringido (p. ej., <em>eucaliptus, diplodocus</em>), de modo que no constituye un problema mayor.</p>
<p>En general, esta simplificación de criterios es sensata y facilita la escritura, pero en la <em>Ortografía</em> (pp- 603-604) se contempla alguna excepción con la que no es fácil estar de acuerdo:</p>
<blockquote><p>En ciertas ocasiones puede resultar menos violento modificar la pronunciación de un extranjerismo que su grafía, a la hora de recomendar su posible adaptación. Así, en caso de adaptar al español la voz inglesa <em>gay</em> (‘homosexual’), se considera preferible mantener la grafía original y proponer su pronunciación como si de una palabra española se tratase, es decir, [gái], que modificar la grafía original, escribiendo <em>guey,</em> para adecuarla a la pronunciación más próxima al inglés y también la más generalizada aún entre los hispanohablantes.</p></blockquote>
<p>Este <em>«aún»</em> en <em>«la más generalizada aún»</em> tiene trampa: los hispanohablantes no cambiarán su pronunciación para respetar una grafía. La primera realidad de una lengua es la hablada, sobre todo cuando se trata de léxico común. Es la escritura la que debiera adaptarse a la pronunciación, especialmente si esta no contiene sonidos ajenos al español, con en el caso de [géi]. Se propone, en vano, pronunciar [gái] y mantener la grafía sin resalte tipográfico. Este criterio de optar por lo «menos violento», que demuestra mucho espíritu de conciliación con el uso, también crea problemas, porque da licencia al escribiente de mantener la grafía original, que es discordante con la pronunciación, lo cual transgrede el principio de adaptación postulado para todos los extranjerismos: adaptado → redonda; sin adaptar → cursiva. Si la grafía <em>guey</em> crea demasiada extrañeza, que se escriba <em>gay,</em> pero con resalte tipográfico, como el resto de palabras sin adaptar. En este caso, las academias le han quitado el cuerpo al problema y han creado una excepción injustificada, quizá por miedo a sugerir una grafía impopular (como lo que sucedió con <em>whisky, güisqui</em> y <em>wiski</em>). Que nos digan cómo escribir, para preservar la unidad de la lengua, puede tener razón de ser; pero que nos pidan pronunciar de una manera artificial para no tener que adaptar una grafía es un sinsentido.</p>
<p>Queda pronunciarse sobre un aspecto tipográfico: ¿en casos en que haya tal profusión de palabras en cursiva que la lectura se haga difícil, es lícito eliminar el resalte y, por tanto, desaparecer la marca de carácter foráneo de las palabras? Una finalidad de la ortotipografía es adaptar las normas ortográficas a las diferentes circunstancias y, si el cumplimiento de una norma dificulta la legibilidad, es sensato dejar de cumplirla. ¿Qué sucede, por ejemplo, en un texto con muchos préstamos crudos y gran abundancia de citas textuales y nombres de obras de creación, que se escriben en cursiva? Es difícil fijar la proporción de palabras en cursiva a partir de la cual conviene empezar a eliminar el resalte tipográfico, pero para casos extremos, parece conveniente que se prescinda de ciertas cursivas problemáticas.</p>
<p>La cuestión de la cursiva como marca de extranjería tiene algunos aspectos complejos de los que seguramente hay mucho más que decir de lo que se encuentra en estas líneas.  La nueva <em>Ortografía</em> ha dado un paso adelante al adoptar una norma sencilla y que permite contemplar un número reducido de excepciones, pero sigue habiendo casos en que la regla debe considerarse solo de manera relativa y según lo que convenga a las circunstancias.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<h4>Bibliografía</h4>
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<p>Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española: <em>Ortografía de la lengua española. </em>Madrid: Espasa, 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El plural de autor</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2011 07:13:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José de la Riva</dc:creator>
				<category><![CDATA[Redacción]]></category>
		<category><![CDATA[plural de autor]]></category>
		<category><![CDATA[plural genérico]]></category>
		<category><![CDATA[plural mayestático]]></category>
		<category><![CDATA[plural sociativo]]></category>
		<category><![CDATA[precisión]]></category>
		<category><![CDATA[redacción]]></category>

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		<description><![CDATA[En los textos científicos y las exposiciones académicas no es raro que el autor se refiera a sí mismo en primera persona plural, diciendo, por ejemplo, «consideramos» en lugar de «considero». Puesto que no todo el mundo estima correcto este plural de autor (también llamado plural de modestia), ya que presuntamente introduce una imprecisión innecesaria, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En los textos científicos y las exposiciones académicas no es raro que el autor se refiera a sí mismo en primera persona plural, diciendo, por ejemplo, «consideramos» en lugar de «considero». Puesto que no todo el mundo estima correcto este <strong>plural de autor</strong> (también llamado <strong>plural de modestia</strong>), ya que presuntamente introduce una imprecisión innecesaria, conviene analizar el significado y discutir la pertinencia de esta opción estilística.<span id="more-675"></span></p>
<p>Referirse a uno mismo en un texto académico es, o debiera ser, algo relativamente infrecuente. En primer lugar, porque el objeto de estudio rara vez es el autor del escrito; en segundo lugar, porque las pretensiones de objetividad obligan al mayor ocultamiento posible del yo. De ahí que muchas veces se encuentren diversos circunloquios, uso de impersonal, o que se mencione al autor en tercera persona: <em>cabe preguntarse</em> en lugar de <em>me pregunto,</em> <em>conviene destacar</em> en vez de <em>quisiera destacar,</em> <em>los autores estudiaron</em> en lugar de <em>los autores estudiamos. </em>Pues bien, en los pocos casos en que el autor se ve obligado a referirse a sí mismo o cree innecesario o inadecuado hacer un circunloquio, puede optar por el plural de autor.<em> </em></p>
<p>¿Pero qué significa este <strong>plural de autor</strong>? ¿Para qué sirve? Ciertamente, no para arrogarse majestad alguna o darse importancia, ni se pretende con él hablar en nombre de la ciencia o de una corriente científica, ni es signo de múltiple personalidad, pues con él no se hace referencia a ningún sujeto plural. Se trata simplemente de una convención, muy antigua, que se remonta a la tradición grecolatina. Según la <em>Gramática</em> (p. 47), «se utiliza para atenuar lo categórico de juicios o apreciaciones expresadas en primera persona, como en <em>Pensamos que se trata de un método adecuado para este tipo de estudios,</em> cuando el emisor se refiere en realidad a su propio pensamiento. El plural de modestia es propio sobre todo de los textos científicos y de las exposiciones académicas».</p>
<p>Así pues, conviene diferenciar el plural de autor de otros casos de falta de coincidencia entre el número gramatical y el designativo, como los siguientes: el <strong>plural mayestático,</strong> ya agonizante, propio de discursos papales y de personas con autoridad; el <strong>plural genérico</strong> (p. ej.,<em> en esta figura podemos apreciar </em>en vez de <em>en esta figura cualquiera puede apreciar),</em> ampliamente utilizado en textos científico-técnicos; y el <strong>plural sociativo</strong> (p. ej., <em>¿cómo nos encontramos hoy?, </em>en lugar de <em>¿cómo se encuentra usted hoy?</em>), que se usa por razones afectivas, para implicarse uno mismo en la acción.</p>
<p>El tipo de situación comunicativa es una clave importante para el uso del plural de autor. Por ejemplo, en la blogosfera, la nutrida constelación de bitácoras que flota en Internet, dado su carácter informal y rara vez científico o académico, el uso del plural de autor no está muy extendido. Pero si una bitácora, como puede ser <strong><em>La traducción in vitro,</em></strong> echa mano del plural de autor, puede servirle para disminuir la contundencia de ciertos juicios, para centrar la atención en lo que se dice más que en quien lo dice, para deslindarse del estilo de la opinología hipersubjetiva del mundo de las bitácoras y así dar, además, un barniz estilístico que vincule sus textos con la tradición de la redacción científico-académica.</p>
<p>En una carta informal o un mensaje de correo electrónico hablar en primera persona plural para referirse solamente al emisor sí que se trataría de algo extraño, ya que este uso no está respaldado por ninguna convención vigente. Por algo existe un plural de autor y no un plural epistolar (lo hubo en la tradición bíblica, p. ej., en Ro. 1:5; 3:8, 9). Ahora bien, si en dicha carta hubiera características propias de los textos científicos, por aproximación, empezaría a tener sentido usar el plural de autor, por la misma razón por la que si un texto se escribe en verso es porque se lo quiere vincular a la poesía. En conclusión, hay que tener presente que en la forma hay un mensaje y unas intenciones, y que adscribirse a una manera de hacer las cosas, adoptar un registro, entroncar con una tradición, puede tener un significado.</p>
<p>Pero el plural de autor no es una práctica que pertenezca a un sistema menor, sino una convención gramatical, asentada en la maquinaria del idioma. Es similar al caso del pronombre <em>vos,</em> que puede usarse para referirse a un solo interlocutor. En otros idiomas hay personas plurales tan asentadas como singulares que se han fosilizado como tales: el voseo de algunos dialectos hispanoamericanos; el <em>you</em> del inglés, que etimológicamente es plural; el francés <em>vous</em> para el trato de cortesía; el <em>voi</em> en el sur de Italia, que se utiliza entre amigos. Cuando un italiano del sur le pregunta a su amigo si quiere tomar una bebida <em>(Volete bere qualcosa?)</em> nadie critica ese uso, a pesar de que podría decir perfectamente <em>Vuoi bere qualcosa? </em></p>
<p>Pero volvamos al español. Así como en el plural de autor hay falta de concordancia entre la designación y el número gramatical, en la gramática se contemplan montones de casos de falta de concordancia en la persona, en el número, etc., que no hace falta citar. Cuando se usa el genérico <em>(uno cree que) </em>es gramaticalmente tercera persona pero puede designar al yo que habla<em> (yo creo que).</em> En la segunda persona genérica hay también falta de concordancia, como en <em>Si no redactas claramente, nadie entenderá lo que escribes</em> en lugar de <em>Si uno no redacta claramente, nadie entenderá lo que escribe. </em>Por cierto, el uso del singular en sustitución del plural tampoco es raro, como se ve en <em>la guerra contra el turco</em> en lugar de <em>la guerra contra los turcos.</em></p>
<p>Por otra parte, la referencia de las demás personas incluidas en cualquier <em>nosotros</em> es siempre imprecisa y es siempre el contexto el que determina la designación. Pongamos por caso que en un discurso político en España, el <em>nosotros</em> podría referirse a los miembros del partido al que pertenece quien habla, o a los que defienden determinada idea, o a todos los españoles o todos los seres humanos. El contexto suele dejar clara la referencia, y nadie critica esa supuesta ambigüedad. De la misma manera, el contexto, en la inmensa mayoría de los casos, deja perfectamente claro que este plural de autor se refiere a un sujeto singular. En un artículo científico los nombres de los autores por lo general se encuentran inmediatamente después del título, así que hay un contexto que indica de qué tipo de plural se trata.</p>
<p>Quien rechaza el uso en textos científicos del plural de autor por supuesta imprecisión, olvida que se trata de un recurso que pertenece al código de la lengua, la principal de todas las convenciones implicadas en la redacción, y que hay, además, otras muchas otras convenciones, las bibliográficas por ejemplo, que no son enteramente «racionales y lógicas», sino heredadas, convencionales. ¿Por qué usar el latín y no el español, por ejemplo, para decir <em>íbid. </em>u<em> op. cit.,</em> en las citas? Por convención. Nadie censura el uso del plural en la frase <em>la cursiva [la negrita, el subrayado] es nuestra</em> al hacer una cita en un artículo firmado por un solo autor. ¿Qué hay de raro en el plural de <em>Pongamos por caso,</em> en el de <em>Examinemos el siguiente problema</em>? Cuando un autor de apellido Sánchez se cita a sí mismo diciendo <em>en el artículo de Sánchez </em>no coincide ni siquiera la persona gramatical (tercera en lugar de primera). Se trata de convenciones, y si se domina la convención, si se conoce bien el idioma, no hay riesgo de imprecisión ni malentendido.</p>
<p>Naturalmente, todo redactor es libre de usar o no el plural de autor, pero si el motivo por el que se lo rechaza es por su supuesta imprecisión, se está ignorando, quizá por hiperracionalismo, una posibilidad estilística de la lengua con una enorme tradición. El único tema en debate, a nuestro entender, es si se trata de una convención en uso o si ya se percibe anticuada, si ha perdido o no el carácter convencional que ha tenido en la historia. Pero si se percibe como una convención vigente, y hay razones para ello, las conclusiones que hay que extraer son las siguientes: 1) es gramaticalmente correcto y su discordancia designativa es similar a la de muchas otras, en español y otras lenguas; 2) es una convención heredada, como otras tantas en la redacción científica; 3) si se usa en un contexto adecuado y el receptor conoce bien el idioma, no hay riesgo de imprecisión.</p>
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<h4>Agradecimientos</h4>
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<p>Gracias a los miembros del foro de MedTrad que hace un par de semanas alimentaron con sus opiniones este debate.</p>
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<h4>Lecturas recomendadas</h4>
</div>
<p>GIRAO, Fran (2007): «Cuestión de pluralismo», <em>El castellano actual </em>(disponible en &lt;<a href="http://castellanoactual.blogspot.com/2007_02_01_archive.html">http://castellanoactual.blogspot.com/2007_02_01_archive.html</a>&gt;).</p>
<p>REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (2010): <em>Nueva gramática de la lengua española. Manual.</em> Espasa, Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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