Cursiva en palabras extranjeras, segunda parte

Hace ya algún tiempo se trató en este blog el uso de la cursiva en los extranjerismos, pero quedaron sueltos algunos hilos que ahora conviene retomar, a la luz de las normas de la nueva Ortografía de la RAE, que se ha pronunciado ampliamente sobre este particular (pp. 599-619). Este tema es especialmente importante para las obras científico-técnicas, en que los préstamos del inglés y las locuciones latinas son bastante frecuentes.

La situación anterior a la aparición de esta nueva ortografía presentaba algunas inconsistencias y áreas de incertidumbre: voces parcialmente adaptadas y vacilación en la escritura de las locuciones latinas. En la nueva obra académica se ha equiparado el tratamiento de extranjerismos en general, latinismos y locuciones latinas bajo un criterio tajante y claro: lo adaptado, sea cual sea su origen, se escribe en redonda y según las normas ortográficas del español; lo no adaptado, con mantenimiento de la escritura original y en cursiva.

Una primera consecuencia de la aplicación de este criterio es la eliminación de las grafías ajenas a las normas ortográficas del español: quásar, quórum y quadrívium ahora se deben escribir cuásar, cuórum y cuadrivio, ya que en el uso se comportan a todos los efectos como palabras españolas. Las que se sigan percibiendo como extranjeras se escribirán en cursiva y según las normas de escritura de la lengua de origen: frigidarium, software, etc.

Según las nuevas normas, las locuciones latinas ahora se escribirán en cursiva y sin adaptar. Para facilitar su correcta lectura y pronunciación a los hablantes menos familiarizados con el latín, ha sido costumbre registrar en el diccionario académico las locuciones latinas más habituales en redonda y con las tildes necesarias para su correcta pronunciación. Pero las locuciones latinas menos frecuentes, que no figuraban en el diccionario, se hallaban en un terreno de incertidumbre: uno se veía inclinado a escribirlas en cursiva, por su carácter extranjero, pero por analogía con las conocidas (p. ej., in artículo mortis, in péctore, adaptadas y en redonda), también había razones para dejarlas en redonda y adaptar su ortografía. El nuevo criterio equipara las frecuentes y las más raras, estén o no en el diccionario: todas las locuciones latinas se escriben en latín y con resalte tipográfico: ipso facto, in situ, motu proprio, sine die, etc. Por supuesto, esto no impide que algunas expresiones, las que con el tiempo se han integrado completamente al léxico español, se escriban en redonda y adaptadas, como verbigracia o suigéneris.

Sigue existiendo un ámbito de posible vacilación en las voces adaptadas que suenan como latinas y se escriben igual que las que las originaron (p. ej., detritus): ¿deben escribirse de cursiva o redonda? En redonda, naturalmente, si se entiende que están en español; pero en muchos casos el escribiente dudará, puesto que la coincidencia con el latín invitará a pensar que son voces no adaptadas. En el ejemplo anterior, la existencia de detrito, voz sobreadaptada, podría sugerir que detritus es forzosamente una palabra no española, pero no es el caso. Con todo, el grupo de palabras en que puede producirse esta ambigüedad es restringido (p. ej., eucaliptus, diplodocus), de modo que no constituye un problema mayor.

En general, esta simplificación de criterios es sensata y facilita la escritura, pero en la Ortografía (pp- 603-604) se contempla alguna excepción con la que no es fácil estar de acuerdo:

En ciertas ocasiones puede resultar menos violento modificar la pronunciación de un extranjerismo que su grafía, a la hora de recomendar su posible adaptación. Así, en caso de adaptar al español la voz inglesa gay (‘homosexual’), se considera preferible mantener la grafía original y proponer su pronunciación como si de una palabra española se tratase, es decir, [gái], que modificar la grafía original, escribiendo guey, para adecuarla a la pronunciación más próxima al inglés y también la más generalizada aún entre los hispanohablantes.

Este «aún» en «la más generalizada aún» tiene trampa: los hispanohablantes no cambiarán su pronunciación para respetar una grafía. La primera realidad de una lengua es la hablada, sobre todo cuando se trata de léxico común. Es la escritura la que debiera adaptarse a la pronunciación, especialmente si esta no contiene sonidos ajenos al español, con en el caso de [géi]. Se propone, en vano, pronunciar [gái] y mantener la grafía sin resalte tipográfico. Este criterio de optar por lo «menos violento», que demuestra mucho espíritu de conciliación con el uso, también crea problemas, porque da licencia al escribiente de mantener la grafía original, que es discordante con la pronunciación, lo cual transgrede el principio de adaptación postulado para todos los extranjerismos: adaptado → redonda; sin adaptar → cursiva. Si la grafía guey crea demasiada extrañeza, que se escriba gay, pero con resalte tipográfico, como el resto de palabras sin adaptar. En este caso, las academias le han quitado el cuerpo al problema y han creado una excepción injustificada, quizá por miedo a sugerir una grafía impopular (como lo que sucedió con whisky, güisqui y wiski). Que nos digan cómo escribir, para preservar la unidad de la lengua, puede tener razón de ser; pero que nos pidan pronunciar de una manera artificial para no tener que adaptar una grafía es un sinsentido.

Queda pronunciarse sobre un aspecto tipográfico: ¿en casos en que haya tal profusión de palabras en cursiva que la lectura se haga difícil, es lícito eliminar el resalte y, por tanto, desaparecer la marca de carácter foráneo de las palabras? Una finalidad de la ortotipografía es adaptar las normas ortográficas a las diferentes circunstancias y, si el cumplimiento de una norma dificulta la legibilidad, es sensato dejar de cumplirla. ¿Qué sucede, por ejemplo, en un texto con muchos préstamos crudos y gran abundancia de citas textuales y nombres de obras de creación, que se escriben en cursiva? Es difícil fijar la proporción de palabras en cursiva a partir de la cual conviene empezar a eliminar el resalte tipográfico, pero para casos extremos, parece conveniente que se prescinda de ciertas cursivas problemáticas.

La cuestión de la cursiva como marca de extranjería tiene algunos aspectos complejos de los que seguramente hay mucho más que decir de lo que se encuentra en estas líneas.  La nueva Ortografía ha dado un paso adelante al adoptar una norma sencilla y que permite contemplar un número reducido de excepciones, pero sigue habiendo casos en que la regla debe considerarse solo de manera relativa y según lo que convenga a las circunstancias.

 

Bibliografía

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española: Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa, 2010.

 

5 Comments

  1. Yo tengo una pregunta. Hace muuuuchos años (10, para ser más exacta) hice un curso de corrección de texto que me dejó pasmada por la cantidad de contenido pero que, también, me enseñó muchísimo que pocos profesores me han sabido enseñar (a pesar de que la profesora que lo impartía había sido y será mi profesora de lengua castellana en la universidad). Una de las cosas que nos enseñaron es que, al usar la cursiva en una palabra, si la palabra se repite en el resto de la página, solo se pone en cursiva la primera vez. Si, al girar la página, vuelve a salir, se pone de nuevo en cursiva y, el resto, en redonda. Es decir, con ponerlo en cursiva la primera vez basta y, el resto, se ponen en redonda. Solo se “recuerda” de vez en cuando al lector que esa palabra está en cursiva. ¿Has encotrado algo por la RAE, el DRAE o Fundéu donde explique esto? ¿Qué opinas al respecto? ¿No te facilitaría las cosas y, así, habría mucha menos cursiva?

    • Hola, Curri; disculpa la demora. La norma que planteas, que tiene sentido, es bastante acorde con los criterios de Martínez de Sousa (Ortografía y ortotipografía del español actual, 2.ª ed., pág. 423), que recomienda, si la palabra se usa con mucha frecuencia o es muy conocida, ponerla en cursiva la primera vez que aparece en cada capítulo o unidad textual. Ahora bien, me parece que en la práctica no se hace así. Yo soy partidario de la coherencia y me choca un poco ver una palabra escrita de dos maneras, pero creo que la norma puede ser buena cuando los criterios están claros, es decir, cuando está claramente definido qué es “mucha frecuencia” y qué es “muy conocida”.

  2. Curri: No estoy de acuerdo, en lo más mínimo, con esa norma de las páginas, pues la distribución del texto en la compaginación es casi siempre por la necesidad mecánica de distribuir el texto. Salvo casos especiales, la gente no piensa en las páginas como divisiones lógicas, sino que ven el texto como un continuo que tiene párrafos, secciones y capítulos, y por ello creo que desconcertaría al lector ver que una palabra se escribe de modo alternado de una forma y de otra en ese continuo textual. Más lógico es lo que dice Martínez de Sousa: la primera vez en cursiva (y sobre todo porque es la «presentación» de la palabra, sea española o extranjera) y luego en redonda.

  3. kelly castro

    U.u hay respuestas mejores en otras paginas xD!!

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