La precisión en una traducción, cuestión de vida o muerte

Mustafa Soliman, ciudadano estadounidense de origen egipcio, fue apresado en El Cairo con cargos por tráfico de drogas el pasado diciembre, tras importar a este país islámico un cargamento que no contenía drogas, sino un producto alimenticio. Gracias a los multitudinarios disturbios y el caos político imperante, Mustafa pudo salir de la cárcel a finales de enero. Sin embargo, puesto que el Gobierno egipcio le ha confiscado el pasaporte y la embajada estadounidense se niega a darle uno nuevo, debe quedarse en Egipto, donde se enfrenta a una posible pena de muerte por tráfico de drogas. ¿El motivo de este kafkiano malentendido? Nada más y nada menos que una mala traducción.

Mustafa Soliman

El cargamento de Soliman contenía aceite de semillas de cáñamo. Cuando esta carga llegó al país del Nilo, las autoridades aduaneras tradujeron hemp oil como algo equivalente a aceite de hachís, ya que en árabe no existen palabras diferenciadas para el cáñamo y los derivados de la planta, tengan estos un nivel alto o bajo de tetrahidrocanabinol (THC); todo se conoce por un nombre equivalente a hachís. Y por eso las autoridades egipcias interpretaron, o decidieron interpretar, que el empresario traficaba con drogas.

Pero este producto no es en absoluto una droga. El aceite de semillas de cáñamo o cañamones se considera un excelente suplemento alimenticio, por su alto contenido de ácidos grasos esenciales ω-3 y ω-6, y de ácido γ-linolénico; y es por sus virtudes medicinales y cosméticas que Health Harvest, la empresa de Soliman, importaba a Egipto este producto. Debido a que no contiene THC, no posee las propiedades hipnóticas y estupefacientes de las flores de Cannabis sativa indica, que es lo que se emplea en buena parte del mundo como droga recreativa o de abuso.

Egipto, como otros países del norte de África que aplican (cada cual a su manera) la ley islámica, mantiene la pena de muerte para decenas de delitos, desde el asesinato o la traición hasta el tráfico de drogas, y el gran muftí, autoridad jurídico-religiosa consultada antes de que se lleve a cabo cada ejecución, rara vez contradice los fallos judiciales; de manera que, de no realizarse unas pruebas que confirmen que el aceite importado es un alimento y no una droga, las perspectivas de Soliman no son precisamente optimistas.

Esperemos que la situación política en Egipto se estabilice para que las iniciativas emprendidas por diversos organismos norteamericanos (p. ej., esta, o esta) por resolver este malentendido prosperen y Mustafa no sea injustamente condenado. Puede leerse más sobre esta noticia en el Reason, en este excelente blog y en la página web de la Asociación de Industrias del Cáñamo.

Pero volvamos al asunto traductológico. ¿Qué pasaría si, como en árabe, no tuviéramos en español palabras para distinguir hachís (hash) de cáñamo (hemp)? ¿Qué recurso emplearíamos para dejar constancia, en una traducción, de que el aceite en cuestión es un alimento y no una droga? ¿Qué sucedería si eventualmente, por presión del inglés, se impusiera en castellano el término cannabis tanto para un producto como para el otro y el aceite de cañamones se popularizara como aceite de cannabis? ¿Podrían las autoridades, por ignorancia, pensar que se trata de una droga y encarcelar a quienes comercien con él?

Como se explica en el Navarro, en inglés se utiliza cannabis tanto para la planta que llamamos cáñamo como para los estupefacientes que se obtienen de ella. De la subespecie Cannabis sativa sativa, el cáñamo común, se puede extraer papel, fibras textiles y el dramático aceite al que aludimos anteriormente. La marihuana o el hachís se obtienen del cáñamo índico, la subespecie Cannabis sativa indica. Con la introducción del anglicismo latino cannabis o cánabis tenemos un sinónimo muy popular y de poca utilidad científica, bajo el que podrían llegar a producirse confusiones, que, como se ha visto, podrían llegar a ser un tanto problemáticas.

Tratamos este tema porque en las publicaciones médicas se habla con frecuencia de canabinoides (como analgésicos, para reducir la presión intracraneal en el tratamiento del glaucoma, como antieméticos en el tratamiento con quimioterapia, como drogas de abuso, etc.) y convendría  que el término cannabis se tradujera con precisión.

3 comments on “La precisión en una traducción, cuestión de vida o muerte

  1. David Arce on said:

    Interesantísima noticia, gracias por compartirla. Un saludo y enhorabuena por el blog.

  2. Muy interesante el artículo. Aquí, mi granito de arena.

    Yo lo que habría hecho es poner el término en Latín en paréntesis, o explicar que es un derivado de esa otra planta. Por ejemplo:

    “Aceite de cannabis” (derivado de la planta Cannabis sativa sativa), y así, aunque seguro que, al principio, también me encarcelarían, tendría una prueba un poco más evidente (o más a la vista) de que mi cargamento no contiene drogas.

    Un saludo

    • Discúlpame por el retraso en la contestación. Pues sí, no parece que haya muchas más opciones. Lástima no saber árabe, para poder saber exactamente cuál es el significado de la palabra.

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