El otro lado de las Jornadas de Tremédica
En rigor, el evento que congregó a tremeditas, medtraderos, panaceicos, tradmederos y otras interesantes especies humanas –inexplicablemente no recogidas en las nomenclaturas biológicas al uso– no tuvo lugar solo durante las horas de luz de los días 18 y 19 de febrero: para algunos (que, por delicadeza, mantendremos en el anonimato) la cena de clausura se prolongó hasta la mañana del 20. Sirva esto como una fe de erratas a lo dicho en la entrada anterior, en la que fuimos en orden cronológico. Ahora iremos en orden inverso.
De la cena del sábado solo diremos que pocos, entre los que se encuentra Toni Sanguino, fueron capaces de reconocer que el aliño de la ensalada llevaba maracuyá y que el misterioso helado del postre era nada más y nada menos que de azafrán. Nadie quiso dejar de salir en las fotos y los pobres camareros del restaurante del hotel se volvieron locos inmortalizando el momento con flashes al estilo hollywoodense. La única nota negativa fue la súbita desaparición de los mencionados camareros, con la consecuente dificultad para adquirir bebidas refrescantes.
Pero la camaradería y la buena disposición general se vieron desde mucho antes, por ejemplo, cuando, apenas clausuradas las Jornadas, Laura Munoa ejerció como maestra de ceremonias en la rifa espontánea de unos libros que crearon expectación y dieron alegría a más de uno. El premio gordo era un Libro Rojo, y todos querían ganarlo, pero cuando el azar lo puso en manos de Ana Martínez, ella, tras una lucha interna, lo cedió, con gesto generoso, para que se sorteara de nuevo, pues, naturalmente, ya contaba con él en su biblioteca particular, o quizá hasta en su mesa de noche. Ahora mismo no recordamos el nombre de la afortunada ganadora del premio mayor (y se solicita el dato a quien lo pueda aportar). También destacó la generosidad de Vicent Montalt, que para entonces, y muy discretamente, se las había agenciado para regalar una docena de ejemplares de su Manual de traducció cientificotècnica, que tenemos intención de comentar en un futuro cercano.
Y hablando de comentarios, hay un personaje que hasta ahora no hemos mencionado pero que desempeñó un papel importante en las Jornadas: el incansable Pablo Muñoz. Este polifacético traductor, que no se limita a traducir videojuegos, transmitió por Twitter, con 366 mensajes instantáneos (que se pueden encontrar aquí), lo más importante de todas las conferencias y talleres, en un gran ejercicio de síntesis. Y también fue un destacado participante de las tertulias de corrillo, en que se han establecido docenas de nuevos vínculos y repartido innumerables tarjetas de presentación.
También es digno de comentarse otro factor que contribuyó al buen ambiente: la conciencia por parte de los ponentes de que la exposición de los temas que iban a tratar, –algunos difíciles, otros abstractos– no iba a prosperar sin la apelación a recursos de gran creatividad. Para empezar, el plausible uso de vídeos de James Bond y Sherlock Holmes, y es que ¿cuánta gente hay en el mundo capaz de relacionar la traducción de patentes con la labor detectivesca? Después, la oscuridad de la sala y el escenario iluminado como en un concierto de rock en la conferencia de Pablo Mugüerza, que recorrió media docena de veces la sala entera. Finalmente, las diapositivas con caritas felices de colores de Fernando Navarro, que ilustraban los problemas de nomenclatura.
Para terminar, es preciso decir que la coordinación del evento y las condiciones materiales fueron más que suficientes: un auditorio moderno y funcional, con asientos en los que podía uno sentarse, micrófonos y altavoces que efectivamente amplificaban la voz, proyectores que proyectaban imágenes y otras milagrosas maravillas que hacían lo que tenían que hacer. El catering tampoco estuvo mal, y nunca faltó ni de comer ni de beber, lo que agradecemos sobremanera los que todavía estamos creciendo y necesitamos alimentarnos. Por cierto, la idea de regalar todo Panace@ en los pinchitos de memoria fue excelente.
Como conclusión, es justo decir que, aparte de los contenidos (comentados en la entrada anterior), la organización, la creatividad de los ponentes, la generosidad y la camaradería contribuyeron en gran medida al feliz resultado de estas Jornadas.
La foto
Si alguno de los presentes en la foto no desea verse reconocido y rodeado de tan buenas compañías, nos ofrecemos a pixelar su rostro con las artes del Photoshop.


¡Eres un auténtico crack! Has recogido perfectamente el espíritu que hubo detrás de las jornadas con una bella y cuidada redacción. Cómo me alegro de haber decidido en el último momento apuntarme, porque incluso aunque no asistiera a la cena, tengo que decir que me lo pasé realmente bien allí y que fue un placer compartir experiencias y risas con los diferentes asistentes.
Y bueno, ¡muchísimas gracias por mencionarme como personaje de Twitter! Confío en repetir la labor en sucesivas jornadas, sean de traducción médica o de cualquier otro tema.
Un abrazo,
Pablo
Gracias a ti, Pablo, por tu vocación periodística. Como no creo que vaya yo a ir a la jornada de la ASATI, confío en que tus imprescindibles tuits me tendrán debidamente informado. Un abrazo.
Muy buena crónica de las Jornadas, sí señor.
En cuanto a ti, Pablo, de verdad que llegué a sufrir por tu dedo cuando te veía tuiteándolo todo, todo y todo. Lástima que no encontráramos un teclado externo para tu teléfono.
Yo también espero la retransmisión de las Jornadas de ASATI, tu presentación ya nos la pasarás.
“Ahora mismo no recordamos el nombre de la afortunada ganadora del premio mayor (y se solicita el dato a quien lo pueda aportar)”
Creo humildemente que puedo aportarlo, la memoria me da todavía para recuerdos de solo 72 horas atrás.
Tras la generosa renuncia de Ana, la mano inocente volvió a revolver y sacó la papeleta de Reyes Albarrán, pero ¡había abandonado ya el salón de actos y no pudo recoger su premio! Creo que todavía está tirándose de los pelos, aunque también hay que decir en su descargo que Reyes empalmó el congreso de la AIETI con las Jornadas de Tremédica, así que llevaba casi cuatro días sin apenas salir del Campus de la UJI.
El caso es que hubo que extraer papeleta ganadora, y esta vez la suerte vino a posarse en… tachán, tachán… ¡Gina Hardinge! Así que es ella quien finalmente tiene el único ejemplar existente del “libro rojo” dedicado, autografiado y fechado en la clausura de estas memorables Jornadas de Castellón (dentro de cien años llegará a valer un pastón, imagino). Yo, personalmente, me alegré muchísimo, porque Gina fue una de las alumnas más brillantes con las que tuve la suerte de trabajar durante la última edición del Máster de Traducción Médico-Sanitaria.
Fernando
No me acordaba de lo de Reyes… ¡qué mala suerte haber tenido que irse! Y hablando de regalar libros, hoy me va a tocar a mí, ya verás.
Estupenda crónica, José Antonio. Has captado muy bien la atmósfera que reinó en la reunión. Solo cabe agregar que este buen ambiente reina siempre en las reuniones tremeditas. Y decir que el ejemplar del Colorao que sorteamos lo donó Laura Munoa.
Gustavo
Gracias, Gustavo, por el comentario y la información. Si el ambiente sigue siendo así, puedes estar seguro de que no me perderé ni una de las próximas reuniones.
Qué guay. Y qué envidia (de la mala, mala) ^_^
Gracias por resumirnos el “cómo se hizo” de las Jornadas
¡Fantástico resumen! La cena fue realmente maravillosa. ¡Tuve la suerte de estar al lado de Fernando, imagina! ¡Un lujo! ¡Y de Claudia, inglesa enamorada de España y que habla perfectamente el español! ¡Y muy cerca de Adelia, un encanto de criatura!
Un abrazo.
Nuria
Sí, sí, Nuria, toda una privilegiada. Yo también tuve el gusto de conocer a Claudia, que se quedó en el mismo hotel que yo. Desayunamos juntos y pude comprobar su dominio del español.
Un abrazo.
Hola José y Nuria:
Acabo de leer vuestros comentarios. ¡Muchas gracias por el cumplido! Sois muy amables.
Por cierto, enhorabuena por vuestros respectivos blogs, excelentes los dos.
Un abrazo.
Claudia
Gracias, Claudia. El blog de Nuria tiene cosas muy buenas. Que te vaya estupendo. Un abrazo.