La medición de la calidad de una traducción: comentarios sobre un estudio
Hace unos meses leí, al igual que muchos de ustedes, un artículo de investigación que compara el desempeño de traductores médicos de formación médica con el de traductores médicos de formación lingüística. El estudio es de lo más interesante, ya que busca cuantificar y objetivar algo que suele pertenecer al ámbito de la opinión: la calidad de la traducción. La hipótesis era que los primeros cometen más errores gramaticales y estilísticos, pero menos errores terminológicos y lógicos que los segundos, y viceversa, que los traductores de formación lingüística cometen más errores terminológicos y lógicos pero menos errores gramaticales y estilísticos que aquellos.
Lo sorprendente fue que, al menos con una primera muestra, la hipótesis no pudo verificarse, ya que los traductores de formación médica fueron mejores que los de formación lingüística incluso en el feudo que a estos les sería propio: lo gramatical y el estilo. Los de formación médica fueron, en general, superiores; y mejores todavía los miembros de una tercera cohorte: los traductores con formación médica y lingüística.
Estos resultados preliminares, con una muestra pequeña, de apenas 60 traductores, provocaron un importante volumen de discusión en las redes sociales, motivado por la disconformidad de los traductores sin formación médica, a pesar de que se mostró que, con los años de experiencia, los traductores de formación lingüística eran equiparables a aquellos. Más tarde, cuando la muestra llegó a 160 traductores, las conclusiones se matizaron más aún (véase aquí el comentario de una de las autoras, Yana Onikiychuk, en la parte inferior de la página). Se espera que el estudio llegue a tener en cuenta a 2000 traductores.
Pero lo que me propongo ahora no es tanto valorar las conclusiones ni argumentar qué tipo de traductores me parecen mejores como repasar algunas características del diseño del estudio que me parece que restringen el alcance de cualesquiera que vayan a ser sus conclusiones, al menos las de la primera fase del estudio. Recomiendo repasar la metodología y los resultados del artículo.
La simbiosis traductor-editor, parte 2: responsabilidad y respeto
Hace un tiempo decidí escribir sobre la relación entre los editores y traductores en el contexto de la producción editorial, pero me di cuenta de que para hacerlo antes tenía que describir los distintos tipos de editores que suelen intervenir en el proceso, y en ello se me fue el artículo precedente. Ahora, definidos los participantes de esta relación idealmente simbiótica, puedo entrar en el meollo de la cuestión. Muchas ideas que expondré son hasta cierto punto obvias, pero de todos modos me gustaría explicitar su relación en el contexto de la producción editorial.
Uso cotidiano del DTMe
Quisiera dedicar unas líneas a describir el uso que he aprendido a darle al Diccionario de términos médicos (Panamericana, 2011) de la Real Academia Nacional de Medicina en su versión electrónica (DTMe), porque me es de gran ayuda en mi trabajo como coordinador de proyectos editoriales, en mi trato con traductores, revisores y correctores de estilo, sobre todo en la selección de términos y de variantes ortográficas. Y lo haré echando mano de algunos sencillos ejemplos reales.
Crónica de las Jornadas Científicas y Profesionales de Traducción Médica
Las Jornadas Científicas y Profesionales de Traducción Médica organizadas por Tremédica y Aptic, celebradas en Barcelona entre el 20 y el 22 de septiembre, han sido un éxito unánime, por los mismos motivos por los que la edición anterior tuvo tan buen resultado: la calidad de las ponencias y la excelente organización. No repetiré el programa, que puede consultarse aquí, pero sí repasaré algunos de los aspectos más importantes de este acontecimiento tan importante para los traductores médicos.
Reedición de libros traducidos y aprovechamiento de la edición anterior
¿Cómo hacer una reedición de un libro que ya cuenta con una versión anterior en la lengua meta? La respuesta a esta pregunta, como era de esperarse, es un «Bueno, depende». ¿De qué depende? De si en la elaboración de la nueva edición traducida se debe y se puede aprovechar la edición anterior, y del tipo de reedición de que se trate.
Si se debe o no aprovechar una edición anterior está sujeto a la calidad de esta: si la traducción es deficiente, lo lógico será prescindir de ella, y en ese caso habría que traducir la nueva edición por completo. Ahora bien, lo normal es que la traducción de la edición anterior sea de buena calidad y que se pueda sacar partido del material. ¿En qué casos y cómo? Para saber esto, hay que comprender qué tipo de reedición se hace y qué proporción del texto es nuevo con respecto a la edición anterior.
Índices alfabéticos de materias: ¿traducirlos o reelaborarlos?
Por lo general, cuando se traduce un libro de texto, el método para obtener su índice alfabético de materias (ese que se encuentra al final del libro) suele ser también la traducción. Naturalmente, esto tiene sus inconvenientes, porque el orden de los términos deja de ser alfabético al traducirse, lo cual implica tareas de corrección, adecuación y recolocación del texto más o menos tediosas, según el grado de automatismo que se pueda lograr. Por otro lado, por muy certera que sea la fotocomposición, siempre habrá algún epígrafe o término que haya sufrido un recorrido de página con respecto a la edición original, de modo que la traducción debe repasarse para retocar algunos números de página traviesos, que pueden ser unos cuantos si la maquetación difiere demasiado de la original o la traducción es por momentos muy florida o muy breve. También es frecuente que el traductor no traduzca de la misma manera el mismo término en el índice y en el texto general del libro, lo cual tiene que revisarse y corregirse, en la medida de lo posible. Estos trabajos, que pueden ser tediosos, tienden a ser justificados, porque el resultado suele ser un índice alfabético que cumple su función.
Curso de traducción médica en Santiago de Compostela
Los días 24 y 25 de febrero se celebró en Santiago de Compostela un curso de traducción médica organizado por la Asociación Galega de Profesionais da Tradución e da Interpretación (AGPTI). El profesor fue Fernando Navarro, y con eso ya debería bastar para dar una idea de la calidad y los contenidos del curso, que yo intentaré resumir, al menos en lo referente a dos temas, que considero los más importantes: el concepto de fidelidad en la traducción científica y la traducción de nombres de fármacos.
¿Corrección o comunicación?
Con frecuencia el traductor se enfrenta a la necesidad de elegir entre el término correcto y el término que tiene más posibilidades de entenderse. Podría decirse que tal dilema es imposible, ya que, por principio, si la lengua es de quien la habla, lo correcto es precisamente lo que se va a entender. El problema, al menos para el traductor de textos médicos, es que el español de la medicina es en buena medida una lengua traducida y que el cumplimiento del ideal de comunicación implicaría escribir en una especie de spanglish: en un porcentaje altísimo de casos, el término popular, divulgado, el que utilizan los profesores de medicina en las facultades, el que prefieren los investigadores, el que emplean los expertos en sus conferencias, el que publican las revistas de vanguardia es el calcado, el anglicado, el copiado sin apenas adaptación; mientras tanto, el término español considerado correcto languidece lejos de las páginas de las publicaciones y las bocas de los conferenciantes. ¿Qué debe hacer, pues, el profesional del lenguaje que se ve obligado a encontrar soluciones que concilien comunicación y corrección?
Enfermedad, alteración y estado
Solía amenazar a los traductores con los que trabajaba con crucificarlos boca abajo si traducían disorder por desorden, condition por condición y pathology por patología, y me parecía que el uso del comodín trastorno era una buena solución universal para la traducción de al menos los dos primeros términos, pero hace poco leí un artículo del AMA Style Insider que mostraba ciertos matices que no había considerado hasta ahora, y, aunque apenas ha cambiado mi visión de la cuestión, me ha parecido necesario pensar en voz alta sobre sobre los parientes ricos y pobres del término disease. Me propongo, pues, con las limitaciones del que no ha estudiado medicina, pero armado con el Diccionario de términos médicos, el Dorland y el Libro Rojo, hacer un intento por diferenciar disease, primero, de condition y disorder; segundo, de illness y sickness; tercero, de syndrome; cuarto, de pathology, y juzgar qué tanto castigo merecen quienes traducen estos términos de manera irreflexiva.
Manual de traducció cientificotècnica
El Manual de traducció cientificotècnica de Vicent Montalt no es una novedad editorial. De hecho, su publicación data de abril del 2005, y ya ha sido reseñado por Bertha Gutiérrez en Panace@ y en el Journal of Especialized Translation. Estas recensiones destacan la vocación pedagógica, la concienzuda documentación, la notable claridad y la conveniente estructuración de la obra, pero su brevedad no les permite describir algunos aspectos teóricos –definiciones y clasificaciones– que confieren a la obra parte importante de su valor y que el autor ha aplicado con mucha pertinencia a este manual. En esta entrada repasaré algunos conceptos contenidos en el libro, útiles para la comprensión de la traducción y de aplicación práctica.

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